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miércoles, 8 de mayo de 2013

DOS VISIONES o muchas más – Charla/Debate sobre la Revolución Española

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“El 14 de abril de 1931, la movilización popular tras las elecciones municipales supuso la caída de la odiada y corrupta monarquía. Sin embargo, con la proclamación de la república no se acabaron los problemas de las personas oprimidas, la clase trabajadora y el campesinado, y hubo un sector que repetidamente quiso ir más allá y cuestionó el propio capitalismo, así como el Poder.

El verano de 1936 o mayo del 37 son solo algunas de las muchas fechas olvidadas por la Historia, escrita siempre por los que ganan. Incluso, en momentos y en lugares creó algo distinto, un sistema real que rompió con la lógica del capital y la explotación: el estado español llegó a ser la sociedad autogestionaria más grande de Europa.

Esto tampoco lo cuenta la historia, con minúsculas.

Los problemas, éxitos y vicisitudes de aquella época cobran una enorme vigencia en la medida que pueden servirnos de enseñanza para las tareas que afrontamos quienes queremos un mundo mejor, diferente y anticapitalista. Un mundo en el que las élites empresariales y financieras o los poderosos y verticales partidos no marquen la hoja de ruta ni escriban su Historia.

En torno a estos convulsos y recientes tiempos de Revuelta charlaremos con compañeros y compañeras desde diferentes perspectivas: la trostkista, la comunista, republicana, la ácrata o la anarquista y por supuesto la tuya.

Te esperamos el 9 de mayo a las 19.30 en El EKo.

Salud y Revolución”

martes, 12 de marzo de 2013

Las interzonas anarquistas. Desarrollando nuevas habilidades en la tierra de Babilonia - La Felguera

 

"El enigma no existe. Si una pregunta puede siquiera formularse,
también puede responderse."
Ludwig Wittgenstein


En todas partes, aunque al mismo tiempo en ninguna, se repite y constata la "actualidad del anarquismo". Los anarquistas parecen estar en todos lados. Se habla de su superioridad numérica, pero también se señala su inoperancia e ineficacia sobre el terreno a la hora de exponer posturas radicales. Sin embargo, al menos en el Estado español, la inexistencia de una oposición real en la calle que contribuya a expresar y organizar el actual malestar es un hecho que cualquiera puede constatar. Sin embargo, una pregunta nos asalta: ¿Dónde están los anarquistas? TS Eliot parece ser el último que pudo verlos: "¿Quién es el tercero que camina a tu lado? Si cuento, sólo estamos tú y yo juntos, pero si miro hacia delante por el camino blanco / siempre hay otro caminando junto a ti / un encapuchado que se desliza envuelto en un oscuro manto / no sé si es hombre o mujer: pero ¿quién es aquel al otro lado de ti?". A la hora de escribir este poema, Eliot se inspiró en una de las tantas expediciones antárticas, donde se solía decir que el exhausto grupo de exploradores siempre tenía la impresión de que había uno más, una especie de fantasma, que los acompañaba durante el camino (1).

A pesar de esa supuesta actualidad, ese traer al presente se parece más a un ejercicio de diseño e hipotesis, a un juego de guerra, que a una descripción de la realidad. Con frecuencia, sus actividades necesitan de su expresión espectacular, por medio de acciones violentas, para salir a una superficie de la cual, en muchas ocasiones, se encuentra excluído. De manera deliberada han entrado en un complicado sistema de correspondencias donde al mismo tiempo que se critica los medios de comunicación parece necesitarse constantemente de los mismos. Al narrarse las acciones de los anarquistas, éstas parecen engrandecerse, como si se tratase de una información en diferido, donde la mediación amplifica su significancia, que no su significado real. El significado resulta un imposible, porque cada vez más se carece de los medios para difundir un determinado tipo de mensaje y su dificultad conduce a dar por sentado su imposibilidad, mientras que la significancia parece ser suficiente. 

La lucha por un espacio dentro de un movimiento de contestación amplio o la urgente necesidad de reivindicarse como "anarquistas" —aunque la semántica no juegue del lado de los oprimidos—, convierten a los anarquistas en tipos generalmente previsibles, militantes del sacrificio e incluso a veces faltos de sentido del humor. Este modo de vida contribuye a una perpetuación del medio anarquista en un entramado de gustos, opiniones, comidas, hábitos, músicas y vestimentas reconocibles. La escasa importancia práctica que, a pesar de sus cualidades objetivas, demuestra el actual anarquismo contrasta con la excesiva importancia que a veces se otorgan a sí mismos los que se llaman "anarquistas". 

La historia no perdona ni a sus más enconados críticos. El actual escenario, mirando hacia atrás en un período de diez o veinte años, nos deja un saldo curioso. Alguna de las armas de la contestación surgidas a mediados de los años ochenta y que tenían a Hakim Bey, la difusión en el estado español de lo que se conoció como "guerrilla de la comunicación", la experiencia de Luther Blisset, o la recuperacón espectacular de algunas de las ideas del discurso situacionista, como alguno de sus mejores exponentes, nos indica que nuestra época ya ha girado diez o veinte veces sobre sí misma. Y también nos muestra que no hay segundas partes posibles. La tecnología del propio sistema cuenta con una poderosa estructura de proyección, siempre en clave pasiva, de las ideas de la última o penultima contestación. Aquello que pasa a integrarse en el mismo sistema es un reflejo de la imagen primera. El siguiente escenario de dominación, por tanto, siempre estará integrado por parte de las luchas inmediatas que lo desafiaron. De este modo, podemos llegar a entender que la dominación actual, al menos en nuestras sociedades europeas, pasa inevitablemente por la ilusión de la participación. No se trata de dictaduras más o menos ineficaces, sino sistemas democráticos en los que, en cierta medida, la policía ha dejado de ser necesaria. El control se ha interiorizado de tal modo, que en cualquier lugar y momento existen ejemplos para la delación, la denuncia anónima, el chivatazo o la cruda violencias entre iguales. Este reflejo es en sí mismo una forma sofisticada de mentira que  se convierte en la mentira suprema de su época. 

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sábado, 9 de marzo de 2013

El rugido que no cesa. Notas sobre música industrial, ruido y magia - Servando Rocha


Transcripción de la charla ofrecida el 28/06/2012 en la librería Enclave de Libros (Madrid) dentro del ciclo “¿Molesta? Haciendo política del ruido”.

Barcelona, 20 de noviembre de 2011. Aquel día me encontré con Jordi Valls, de Vagina Dentata Organ, a quién no conocía personalmente. Nuestro encuentro vino motivado por la publicación de un libro sobre el Reverendo Jim Jones, Jim Jones. Prodigios y milagros de un predicador apocalíptico, que muchos ya conoceréis.  En 1984, Valls, bajo el nombre artístico de Vagina Dentata Organ, editó un vinilo que contenía el discurso del suicidio. Fabricó 912 copias, una por cada fallecido. Valls fue uno de los protagonistas de uno de los mayores escándalos de la televisión pública. Un contingente, irreductible y rompedor, llegó proveniente de Londres. Junto a él, le acompañaron los miembros de Psychick TV, entre los que estaba Genesis P-Orridge. La actuación de Vagina Dentata Organ en el famoso programa La Edad de Oro, junto a la potente imagen de un hombre boca abajo que descendía del plató en medio del caos y el ruido, supusieron, en gran parte, el cierre del programa.

Tras charlar de muchos temas (la escena de Londres durante los sesenta y setenta, la posterior llegada del punk, la comuna de creación y activismo alrededor de Throobbing Gristle y COUM Transmissions, las vanguardias y la provocación, sus proyectos presentes y futuros…), Valls me obsequió con varios discos de Vagina Dentata Organ. Al llegar a casa, puse uno de ellos. Lo que allí encontré me dejó estupefacto.

***

Ary Sternfeld: la cara oculta del Sputnik - Servando Rocha


“¿Pero, qué sentido tenían aquellas enigmáticas palabras, aquella extraña frase que decía “compañero de viaje” y que, según su esposa, pronunció instantes antes de morir? la respuesta la encontramos en este legado autobiográfico”

Hoy, gracias a las memorias de Ary Sternfeld, padre de la cosmonáutica soviética y diseñador del primer Sputnik lanzado al espacio, conocemos un aspecto inaudito de la historia reciente, concretamente la relación y amistad del ingeniero ruso con el escritor y heroinómano Alexander Trocchi. Además, en el relato de Sternfeld encontramos una pluma ágil y vigorosa, que nos dibuja un valioso retrato de la sociedad estalinista y de los disidentes soviéticos.

Hasta su muerte, en julio de 1980, Sternfeld fue considerado un héroe de la antigua Unión Soviética. Su mujer, Aleksandra, lo recuerda escribiendo hasta el último momento y repitiendo febrilmente la frase “compañero de viaje”. He aquí un gran misterio. Sus memorias (dos inmensos manuscritos de casi seiscientas páginas) comienzan con la descripción de momento emocionante y dramático. Un agotado Sternfeld escribe: “El tiempo se consume y esfuma [ilegible] Los padres de la Unión Soviética han muerto. El diagnóstico es claro: infección aguda que ha terminado por agotar todas mis fuerzas. Me despido de todos y mi único consuelo, mi único recuerdo capaz de iluminarme en estos aciagos momentos, son los hermosos días de París. Jamás olvidaré a mi compañero de viaje”

El Sputnik 1, el primer satélite artificial de la historia, fue lanzado por la Unión Soviética el 4 de octubre de 1957. Antes, se habían realizado otros intentos, pero todos ellos fracasaron. El Sputnik I se convirtió en un hito en la historia moderna cuando logró surcar los cielos tras ser lanzado desde el Cosmódromo de Baikonur en Tyuratam a 370 km al suroeste de la pequeña ciudad de Baikonur, en Kazajistán, entonces perteneciente a la Unión Soviética. Se trataba de un aparato muy pequeño, una reducida esfera del tamaño de un balón de baloncesto que orbitó alrededor de la tierra hasta que finalmente se incendió, desintegrándose el 4 de enero de 1958. El siguiente paso ya lo conocemos: meses después de su lanzamiento, el mundo se estremeció ante una nueva proeza cuando vio volar al Sputnik II que llevaba en su interior a una perrita llamada Laika.

viernes, 8 de marzo de 2013

El demonio liberado - Servando Rocha


Ensayo incluido en el libro A la guerra con Satán. La Iglesia del Juicio Final & El Proceso (La Felguera Editores, 2011).

“Aún hay en la tierra cerca de sesenta mil adoradores del Diablo”
Giovanni Papini, El Diablo (1954).

Sentados sobre cojines y acompañados por tres guitarras, los procesanos cantaban un himno que pretendía acentuar la unidad de los miembros de la Iglesia. En un extremo de la habitación, colgada sobre una tela morada oscura, había una cruz de plata. En el otro extremo, sobre una cortina negra, se mostraba la imagen de un macho cabrío en el interior de un pentagrama colocado verticalmente. La liturgia de la Asamblea del Sabbath, un acto fundamental en los ritos de El Proceso y que era realizado cada sábado a las siete de la tarde, comenzaba con el reparto de un folleto que contenía un resumen de las invocaciones, respuestas y las partituras con las letras de los diferentes himnos. Se hacía entrar a dos grandes perros, uno negro y otro blanco, sujetos con fuertes correas. Seguidamente, varios miembros del culto hacían su aparición ataviados con sus reconocibles capas negras. Un “gong” indicaba el inicio de la Asamblea (1). La música comenzaba a sonar y los congregados, siguiendo la melodía, cantaban algo que decía así: “Cristo y Satán unidos en armonía”.

Se trataba de una puesta en escena perfectamente estudiada e íntimamente relacionada con toda la tradicional simbología ocultista. Pero si el improvisado templo era el lugar destinado a la liturgia, no menos importante fue The Cavern, la cafetería procesana situada en el sótano de una mansión londinense utilizada por El Proceso y que cada noche, durante un período de unos tres años, congregó a decenas de personas. Entre los procesanos, The Cavern también fue conocida como The Satan´s Cavern (2).

Existe una fotografía en la que puede verse a un procesano disfrazado de demonio al estilo de lo que, justo entonces, solía hacer Anton LaVey en su Primera Iglesia de Satanás. Sin embargo, la diferencia está en su pie de foto, donde se indica que se trata de una broma. Sobre las concurridas y publicitadas misas negras de LaVey existen un sinfín de fotografías y grabaciones, mientras que, todavía hoy, un misterio rodea a la generalmente desconocida -y muchas veces fantaseada- historia de El Proceso. A ello ha contribuido la enigmática vida de sus fundadores, la pareja de antiguos cienciólogos Robert (1935) y Mary Ann De Grimston (1931-2005), siempre esquivos y entre ellos distantes y competitivos.

El Proceso creía en la existencia de tres grandes dioses: Jehová, Lucifer y Satanás. Todos ellos eran considerados deidades independientes que confluían, al mismo tiempo, en Cristo. De este modo, Jehová era el iracundo dios de la venganza y del castigo; Lucifer, el ángel caído expulsado del reino de los cielos, era el portador de la luz; Satanás, por su parte, era el dios de la muerte y la desolación, un dios que encarnaba todo aquello que despertaba miedo y temor, es decir, todas aquellas cosas bajas y bestiales pero también las sublimes y espirituales. Para El Proceso, las cualidades de estos tres dioses estaban presentes en todos los seres humanos, por lo que uno de sus objetivos fue el lograr que la gente las reconociera, aceptándolas sin pretender reprimirlas.

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King Mob Revisited

jueves, 7 de marzo de 2013

Estúpidos y aburridos (hipsters) - Servando Rocha


El ‘hipster’ usurpa partes de una historia que no conoce más allá de lo que dicen los libros sobre arte, repitiendo incansable una idea falsa: la cultura nos hace libres.

El barrio donde vivo está mutando hacia sorprendentes territorios. Un viejo local, con tan solo cambiar ciertos elementos, se convierte en un estupendo bar vintage. El estilo de esta época: lo viejo y antiguo conservan una rabiosa actualidad. Los nuevos empresarios son ilusionistas. La búsqueda de la autenticidad juega siempre con piezas muertas, zonas en llamas, territorios mutilados. Lo subcultural es un complicado bricolaje casi indescifrable y el pasatiempo favorito es aquél en que un hipster, tras negar tajantemente que lo sea, crítica a su vecino porque es un “patético hipster”. Todos buscan algo que ya se sitúa en los confines del mundo y para alcanzar esos lugares primero hay que atravesar rincones ocultos, saltar tapias, burlar la noche, caminar hasta destrozar las zapatillas. O quizás no… la poesía está en todos los lugares y al mismo tiempo en ninguno, pero hemos perdido la capacidad para ver lo no visto y la experiencia diferida se prefiere a ser testigo directo.

Nos encanta soñar con turbas y disturbios, con épocas de sedición, oposición y fuego, pero nos asusta el ruido, lo desconocido, la polvareda, la improvisación y el delicioso caos. En la fantasía todo se vuelve aún más fascinante. Queremos desorden y orden al mismo tiempo. Virtud y error, todo en uno. Viajar sin movernos. Solidarizarnos virtualmente.

miércoles, 6 de marzo de 2013

Up Against The Wall Motherfucker! – Entrevista con Ben Morea (2006)

 
 
Háblanos acerca de tu experiencia y de cómo llegaste a involucrarte en las escenas radicales de Nueva York durante la década de los sesenta.

Me crié en su mayor parte alrededor del área de Virginia/Maryland y Nueva York. Cuando tenía 10 años mi madre se volvió a casar y nos mudamos a Manhattan. Yo era fundamentalmente un chaval del ghetto y durante mi adolescencia me vi involucrado en asuntos de drogas por lo que acabe pasando un tiempo en prisión. Hubo un tiempo cuando estaba en el hospital de la prisión en el que comencé a leer y a desarrollar interés por el arte. Cuando me pusieron en libertad mi personalidad había cambiado completamente. Para acabar con mi adicción rompí completamente con los chavales con los que había crecido y con la vida que conocía.

Al final de los años 50 fui en búsqueda de los beatniks ya que aparentaban combinar el arte con la conciencia social. Conocí a la gente del Living Theatre y acabé bastante influenciado por sus ideas a pesar de que nunca me vi orientado hacía el teatro. Judith Malina y Julian Beck eran anarquistas y ellos fueron los primeros en poner un nombre a la manera en la que me estada sintiendo e inclinando filosóficamente.

También conocí a un artista ítalo-americano que se llamaba Aldo Tambellini el cual tenía un pensamiento muy radical que canalizaba en su arte más que en el activismo social. El sólo hacía exhibiciones en sitios corrientes como cementerios o vestíbulos para traer el arte al público. Me influyó bastante en ver que tener arte en los museos era una manera de rarificarlo y de hacerlo una herramienta para la clase dirigente.

Soy autodidacta por lo que continué mi seguimiento del anarquismo y del arte a través de la lectura y manteniendo correspondencia. Fui consciente de Dada y del surrealismo así como del ala radical del arte del siglo veinte e intentaba encontrar a cualquier persona que tuviese información sobre el tema o a alguien que estuviera involucrado. Realmente me sentía a gusto con el matrimonio entre el pensamiento social y una práctica estética. Mantuve correspondencia durante un tiempo con uno de los dadaístas vivos, Richard Huelsenbeck, que vivía en Nueva York, pero al que nunca llegue a conocer.

Al mismo tiempo empecé a desarrollar simpatía por el ala política de los anarquistas al reunirme con gente que había luchado en España, en la Columna Durruti y otros grupos. Todos ellos tenían alrededor de 60 años mientras que yo estaba en la veintena.

También estaba trabajando en mi propio arte y estética. Principalmente estaba pintado en abstracto pero también esculpiendo formas naturalistas. Tenía algunas influencias de los expresionistas americanos, pero también del Zen.

¿Cuando se formo Black Mask? ¿Cómo os organizasteis y quienes estabais implicados?

Es difícil de explicar, empezamos en 1965 o 1966, pero la revista definitivamente comenzó en 1966. Black Mask era realmente muy pequeño. En un principio éramos unas pocas personas. Como anarquistas, y no muy doctrinarios, no teníamos ningún líder aunque yo era la fuerza de conducción dentro del grupo. Ron Hahne y yo habíamos trabajado juntos con Aldo haciendo espectáculos artísticos en público para promover la idea del arte como una parte integral del día a día de nuestras vidas, y no un objeto institucionalizado. Ron y yo nos hicimos íntimos amigos y descubrimos que teníamos una visión social más polémica que la que tenía Aldo sobre querer aproximarnos mas a los elementos políticos de Dada y del surrealismo como también a los crecientes disturbios de la América negra. Queríamos encontrar un lugar en el que el arte y la política pudiesen coexistir en una forma radical. Una vez comenzamos a publicar Black Mask y a participar en acciones otros artistas y personas que estaban en nuestra onda se vieron atraídos por lo que estábamos haciendo. Yo siempre estuve a favor de un enfoque orgánico donde no se tuviese que hacer reuniones y la gente se asociase informalmente más que en tener una jerarquía y miembros reclutados.

Con el tiempo Ron empezó a perder interés por la esfera política y comenzó a interesarse más en trabajar con gente que estaba involucrada en la lucha por los derechos civiles y contra la guerra de Vietnam. Puedo decir honestamente que tanto en Black Mask como luego en The Family nunca tuvimos una reunión en donde nos sentáramos, conscientemente, a decidir nuestra dirección o exactamente que trato le íbamos a dar a una situación o a una acción en particular. Todo se fue desarrollando muy espontáneamente, por consecuencias orgánicas o por cualquiera cuestión que creyésemos apropiada en el momento.

viernes, 18 de enero de 2013

Luchas urbanas y lucha de clases - Miguel Amorós (2011)

 

“Para cambiar la vida hay que cambiar el espacio”
Henri Lefebvre


No existe espacio natural. Todo espacio es espacio social; implica, contiene y disimula relaciones sociales. Las relaciones sociales tienen una existencia espacial; se proyectan en el espacio y se inscriben en él produciéndolo. Como son capitalistas, el espacio social tiende a ser espacio del capital, su campo de acción y el soporte de su acción. El capital lo fagocita, rompiéndolo y reuniendo los pedazos, vaciándolo de sujeto y poblándolo con un sujeto abstracto, sumiso y domesticado. La sociedad urbana sustituye y sucede a la sociedad de clases a cuando el capital completa la unificación y colonización del espacio. Ha producido y modelado un espacio propio, abstracto, instrumental y manipulable, y, al mismo tiempo, ha producido y modelado a sus habitantes, controlando su tiempo. La diferencia entre éstos y los antiguos proletarios es abismal. Aquellos poseían su espacio aparte –las barriadas obreras– donde la vida cotidiana, fuera del mercado, se regía por otro tipo de valores y reglas. El nuevo asalariado ha sido emancipado de su clase; no se orienta en el espacio urbano por más referencias que las de la mercancía-espectáculo. Su vida cotidiana reproduce fielmente sus indicaciones. Como siempre, el lugar que ocupa depende únicamente de su salario, pero a diferencia de antes, ya no habita en un espacio colectivo, autónomo y con historia, sino en un espacio abstracto, vacío de sentido, que los signos y mensajes del poder han rellenado. 

La conurbación, elemento constitutivo de la sociedad urbana, es ese espacio, resultado del crecimiento descontrolado de las fuerzas productivas. En su interior todos los problemas políticos y sociales se agravan y se anulan al mismo tiempo, pues gracias al bloqueo de la experiencia, la pérdida de memoria y la incomunicación su percepción es cada vez más problemática. La conurbación es un espacio enajenado de enclaustración y de adiestramiento, no hecho para recordar y soñar, sino para olvidar y adormecer. Como el capitalismo, aquella se edifica sobre crisis: demográficas, energéticas, financieras, políticas, culturales, laborales, sanitarias, ambientales, etc.; la crisis es su atmósfera y la amenaza de colapso su estímulo. Por eso es un espacio policial total, monitorizado, donde se gestionan los movimientos de sus habitantes. En las conurbaciones puede automatizarse al máximo la vigilancia preventiva, incluso puede establecerse, lo mismo que con las mercancías, una trazabilidad de la población que permita su seguimiento permanente. Es una necesidad a partir de un determinado nivel crítico de complicaciones y problemas insolubles. El control de un mundo cada vez más complejo y centralizado no puede obtenerse más que con la conversión de los individuos en autómatas, dentro de un espacio que el diseño urbanístico y las técnicas de seguridad vuelven neutro, transparente, homogéneo y esterilizado. Un espacio así oscila entre el estadio deportivo, el centro comercial y la cárcel.

La domesticación casi mecánica de los individuos en el espacio urbano viene confirmada por la decadencia de las luchas obreras y vecinales. La condición de asalariado ya no basta para constituir una identidad o definir un “mundo”. Ya no existe una ciudad obrera real dentro de una metrópolis burguesa oficial, coexistiendo y contrastando con ella. Las conurbaciones no tienen misterio ni “nada que declarar”. En el pasado las asociaciones de vecinos aspiraban a encajar los barrios periféricos en la urbe reivindicando servicios y equipamientos elementales. No ponían en duda el modelo urbano, querían formar parte de él, pero en pie de igualdad con los distritos céntricos. Sin embargo, ahora la lucha urbana no puede pararse ahí, acondicionando el escenario de la esclavitud; ha de cuestionar a fondo la propia conurbación, ha de descapitalizarla. Un principio antidesarrollista básico dice que una sociedad llena de capital es una sociedad urbana, por lo que una sociedad vacía de capital ha de ser una sociedad agraria. Por lo tanto, bajo esa perspectiva, un espacio urbano liberado será fundamentalmente un espacio desurbanizado. Ello no significa la desaparición de la ciudad, ya consumada en la conurbación, sino la superación positiva de la oposición ciudad-campo y el rechazo radical a la degradación de ambas realidades en un magma indiscernible. La recuperación de la ciudad, eje del proyecto en el que se han de inscribir las luchas urbanas, es paradójicamente un proceso ruralizador.

Aviso a los civilizados respecto a la autogestión generalizada - Raoul Veneigem (1969)

Publicado originalmente en Internationale Situationniste, # 12, Sept. 1969, traducción de Juan Fonseca publicada en DEBATE LIBERTARIO 2 - Serie Acción directa - Campo Abierto Ediciones, mayo 1977.


 "No sacrifiquéis la felicidad de hoy a la felicidad futura. Disfrutad del momento, evitad toda unión de matrimonio o de interés que no satisfaga vuestras pasiones desde el mismo instante. ¿Por qué ibais a luchar por la felicidad futura, si ella sobrepasará vuestros deseos, y no tendréis en el orden combinado más que un solo displacer, el de no poder doblar la longitud de los días, a fin de dar abasto al inmenso círculo de goces que deberéis recorrer?". Charles Fourier. Aviso a los Civilizados respecto a la próxima Metamorfosis Social.

1

 En su forma inacabada, el movimiento de las ocupaciones ha vulgarizado de modo confuso la necesidad de una superación. La inminencia de un cambio total, sentido por todos, debe revelar ahora su práctica: el paso a la autogestión generalizada mediante la instauración de los consejos obreros. La línea de llegada, cuya consciencia ha llevado el impulso revolucionario, en adelante va a convertirse en la línea de salida.

2

 La historia responde hoy a la cuestión planteada por Lloyd George a los trabajadores, y repetida a coro por los servidores del viejo mundo: "queréis destruir nuestra organización social, ¿qué pondréis en su lugar? Sabemos la respuesta gracias a la profusión de pequeños Lloyd George, que defienden la dictadura estatista de un proletariado a su gusto, y esperan que la clase obrera se organice en consejos para disolverla y elegir otra distinta a ella.

3

 Cada vez que el proletariado se arriesga a cambiar el mundo, reencuentra la memoria global de la historia. La instauración de una sociedad de consejos -hasta ahora confundida con la historia de su aplastamiento en distintas épocas- desvela la realidad de sus posibilidades pasadas a través de la posibilidad de su realización inmediata. Esta evidencia la han podido ver todos los trabajadores después de que en mayo el estalinismo y sus residuos trostkistas han mostrado, por medio de su debilidad agresiva, su impotencia para aplastar un eventual movimiento de los consejos, y, por su fuerza de inercia, su capacidad para frenar aun su aparición. Sin manifestarse verdaderamente, el movimiento de los consejos se ha presentado en un arco de rigor teórico que partía de dos polos contradictorios: la lógica interna de las ocupaciones y la lógica represiva de los partidos y los sindicatos. Quienes confunden aún Lenin y el "qué hacer", lo único que hacen es prepararse (para ir a) un cubo de basura.

4

 El rechazo de toda organización que no sea la emanación directa del proletariado negándose como proletariado ha sido sentida por muchos, inseparablemente de la posibilidad al fin realizable de una vida cotidiana sin tiempo muerto. La noción de consejos obreros establece, en este sentido, el primer principio de la autogestión generalizada.

5

 Mayo ha marcado una fase esencial de la larga revolución: la historia individual de millones de hombres, cada día a la busca de una vida auténtica, uniéndose al movimiento histórico del proletariado en lucha contra el conjunto de las alienaciones. Esta unidad de acción espontánea, que fue el motor pasional del movimiento de las ocupaciones, sólo puede desarrollar unitariamente su teoría y su práctica. Lo que sucedió en todos los corazones sucederá en todas las cabezas. Después de haber comprobado que "no podrían ya vivir como antes, ni siquiera un poco mejor que antes", muchos tienden a prolongar el recuerdo de una parte de vida ejemplar, y la esperanza, vivida por un instante, de un gran posible, en una línea de fuerza a la únicamente falta, para ser revolucionaria, una mayor lucidez sobre la construcción histórica de las relaciones individuales libres, sobre la autogestión generalizada.

jueves, 17 de enero de 2013

Los veinte últimos años de liquidación social - Miguel Amorós (2006)


SOBRE LA DEGENERACIÓN DE LOS IDEALES REVOLUCIONARIOS ANTE EL FIN DE LA CLASE OBRERA EN OCCIDENTE

“La época actual es de aquellas en las que todo lo
que normalmente parece constituir una razón
para vivir se desvanece, en las que se debe
cuestionar todo de nuevo, so pena de hundirse
en el desconcierto o en la inconsciencia.”
Simone Weil


El 19 de julio de 1936 el proletariado español respondió al golpe de estado franquista desencadenando una revolución social. El 23 de febrero de 1981 tuvo lugar un golpe de estado ante la indiferencia más absoluta de los proletarios, quienes apenas movieron el dial de la radio o el mando del televisor. El contraste de actitudes obedece al hecho de que el proletariado era en el 36 el principal factor político social, mientras que en el 81 no contaba ni siquiera como factor auxiliar de intereses ajenos. Si el golpe del 36 iba en contra suya, el del 81 fue un ajuste de cuentas entre diferentes facciones del poder. Ni en los análisis más alarmistas la conflictividad obrera fue tomada en consideración por la sencilla razón de que era mínima. Los golpistas pasaron del proletariado porque no era más que una figura secundaria de la oratoria política, algo históricamente agotado.

Durante los años de la “transición económica” hacia las nuevas condiciones del capitalismo mundial –los 80– la clase obrera fue fragmentándose y resistiendo a escala local a su “reconversión” en clase subalterna, hasta el advenimiento de la huelga mediática del 14 de diciembre de 1988, que fue la señal de su liquidación como clase. En adelante nunca volvería a manifestarse de forma independiente, autónoma. El movimiento antinuclear y el movimiento vecinal habían acabado un lustro antes. Durante ese periodo se consumó la ruptura entre los obreros adultos, mejor situados en las fábricas, y los obreros jóvenes, peones y precarios, que impulsaron las primeras asambleas de parados. Esa fractura condujo a la crítica radical del trabajo asalariado, deteriorado en extremo, o lo que viene a ser igual, al rechazo del trabajo como actividad humana. Fue una auténtica ruptura, pues hasta entonces la conducta de los trabajadores se fundamentaba en una cierta ética del trabajo. Más o menos por ese tiempo se desarrolló fuera del mundo laboral un medio juvenil preocupado por la okupación, la represión, la contrainformación, el ecologismo, el antimilitarismo, el feminismo, etc., al que la movilización estudiantil de 1986-87 dio un fuerte impulso. Tras el sometimiento definitivo de los trabajadores a las nuevas condiciones económicas y políticas del capital, el centro de gravedad social se desplazó de las fábricas a los espacios de relación juveniles. En ese medio y en plena decadencia de las ideologías obreristas la cuestión social perdía su carácter unitario y se desagregaba, replanteándose sus pedazos como problemáticas particulares. Los jóvenes rebeldes ni tenían detrás una tradición de luchas sociales, ni podían atenerse a una ideología concreta, marxista o anarquista, y más allá de un vago antiautoritarismo no sabían qué hacer con el fardo de experiencias que la clase obrera les había librado gratuitamente; eran herederos involuntarios de tareas históricas imposibles de asumir dado la escasa profundidad de su crítica, la inestabilidad de sus efectivos y la estrechez de su medio. Todos los esfuerzos por coordinar actividades, fomentar debates y conectar con luchas urbanas tropezaron con los mismos problemas: la dispersión, la ausencia de pensamiento, el compromiso relativo, la falta de referencias, el enclaustramiento… Al no resolverse, conforme desaparecían las luchas reales el medio juvenil se estancaba y en él campaban a sus anchas la indefinición, la pose, los tópicos contestatarios y la moda alternativa. Se revelaba como un medio de transición para una vida adulta integrada, como el instituto, la FP o la universidad. La palabra revolución dejó de tener un significado preciso. Los intentos habidos entre 1989 y 1998 por superar ese impasse teórico fueron puramente organizativos, formalistas, a base de “campañismo” y encuentros, por lo que a la larga resultaron un fracaso. Así terminó lo que se conoció como “área de la autonomía.”

domingo, 13 de enero de 2013

El Control Insitucional de las Luchas Sociales - Miguel Amorós (2009)

 

Salvo en situaciones de peligro inminente del sistema de dominación, momento en que todas las reglas de juego quedan en suspenso y sólo la violencia de clase decide –una especie de tolerancia cero generalizada–, las instituciones han procurado integrar los movimientos de protesta antes que reprimirlos, delimitando un espacio por el que moverse y tendiéndole puentes para comunicarse.

En condiciones normales de dominio capitalista, la oposición y la protesta han tenido su estatuto legal y sus medios de presión y negociación, siendo las organizaciones catalogadas como representativas no sólo una parte importante del mecanismo de control social, sino el complemento necesario gracias al cual el interés particular de la dominación puede presentarse ante la sociedad como interés universal. Sin embargo, el capitalismo no se queda mucho tiempo en la misma posición, y a medida que prosigue su avance, penetrando por todos los resquicios de la vida y acaparando todo el territorio donde esta languidece, subvierte los cauces sociopolíticos que él mismo había establecido en la etapa precedente, obligándoles a perecer o adaptarse.

Así, los mecanismos de integración y control tradicionales –los partidos, sindicatos y asociaciones, y con ellos, los parlamentos, los convenios y las mesas–, modernizados durante los años setenta, dejaron de funcionar en la década posterior. Desde entonces no representan más que una protesta ficticia, poco creíble, falsa, espectacular. En la medida en que los intereses generales afloran, lo hacen al margen de las instituciones, al modo salvaje, puramente negativo, incontrolado.

Los motivos del colapso de la oposición institucionalizada no son difíciles de adivinar: por una parte la descomposición de la base social que la sostenía, las clases medias y trabajadoras; por el otro, el descrédito que se desprende de su propia inoperancia, fruto de la profesionalización y la corrupción. Los patéticos intentos por reavivarla, bien a través de las los autodenominados movimientos sociales, bien mediante las plataformas cívicas, es decir, por medio del juvenilismo y del ciudadanismo, no conducen a nada, pues por estar dentro del sistema sus intereses se corresponden con los de la dominación. Su momento histórico ha caducado, se le ha pasado el arroz. Para la protesta verdadera la oposición institucionalizada es el problema, el enemigo, la amenaza.

lunes, 7 de enero de 2013

¿Qué fue de la autonomía obrera? - Miguel Amorós



La palabra “autonomía” ha estado relacionada con la causa de la emancipación del proletariado desde hace tiempo. En el Manifiesto Comunista Marx definía al movimiento obrero como “el movimiento autónomo de la inmensa mayoría en provecho de la inmensa mayoría”. Más tarde, pero basándose en la experiencia de 1848, en “La Capacidad Política de la Clase Obrera” Proudhon afirmaba que para que una clase actuase de manera específica había de cumplir los tres requerimientos de la autonomía: que tuviera consciencia de si misma, que como consecuencia afirmase “su idea”, es decir, que conociese “la ley de su ser” y que supiese “expresarla por la palabra y explicarla por la razón”, y que de esa idea sacase conclusiones prácticas. Tanto Marx como Proudhon habían sido testigos de la influencia de la burguesía radical en los rangos obreros y trataban de que el proletariado se separase políticamente de ella. La autonomía obrera quedó definitivamente expresada en la fórmula de la Primera Internacional: “la emancipación de los trabajadores será obra de ellos mismos”.

En la etapa posterior a la insurrección de La Commune de Paris y dentro de la doble polémica entre legalistas y clandestinos, colectivistas y comunistas, que dividía al movimiento anarquista, la cuestión de la autonomía derivaba hacia el problema de la organización. En condiciones de retroceso revolucionario y de represión creciente, la publicación anarquista de Sevilla La Autonomía defendía en 1883 la independencia absoluta de las Federaciones locales y su organización secreta. Los comunistas libertarios elevaban la negación de la organizacion de masas a la categoria de principio. Los colectivistas catalanes escribían en la Revista Social que “los comunistas anárquicos no aceptan más que la organización de grupos y no tienen organizadas secciones de oficios, federaciones locales ni comarcales […]. La constitución de grupos aislados, tan completamente autónomos como sus individuos, que muchas veces no estando conformes con la opinión de la mayoría, se retiran de un grupo para constituir otro…” (n° 12. 1885, Sants). El concepto de la autonomía se desplazaba hacia la organización revolucionaria. En 1890 exisíia en Londres un grupo anarquista de exiliados alemanes cuyo órgano de expresion La Autonomia hacía efectivamente hincapié en la libertad individual y en la independencia de los grupos. Frente al reformismo de la política socialista y el aventurerismo de la propaganda por el hecho que caracterizó un periodo concreto del anarquismo, volvió a plantearse la cuestión de la autonomía obrera, es decir, del movimiento independiente de los trabajadores. Así surgió el sindicalismo revolucionario, teoria que propugnaba la autoorganización obrera a través de los sindicatos, libres de cualquier tutela ideológica o política. Mediante la táctica de la huelga general, los sindicatos revolucicnarios aspiraban a ser órganos insurreccionales y de emancipación social. Por otro lado, las revoluciones rusa y alemana levantaron un sistema de autogobierno obrero, los consejos de obreros y soldados. Tanto los sindicatos como los consejos eran organismos unitarios de clase, solo que los primeros eran más apropiados para la defensa y los segundos para el ataque, aunque unos y otros desempeñaron ambas funciones. Los dos conocieron sus limites históricos y ambos sucumbieron a la burocratización y a la recuperación. También la cuestión de la autonomia alcanzó los modos de expropiación en el periodo revolucionario. En 1920 el marxista consejista Karl Korsch designaba la “autonomía industrial” como una forma superior de socialización que vendría a coincidir con la “colectivización” anarcosindicalista y con lo que en los años sesenta se llamo autogestión.

jueves, 27 de diciembre de 2012

La cólera del suburbio - Miguel Amorós (2005)

 

Al despuntar la década de los ochenta, cuando tuvieron lugar las revueltas urbanas de Brixton (Londres), Toxteh (Liverpool) y Les Minguettes (Marsella), se apoderó de los medios radicales la sensación de estar viviendo un postrer relanzamiento de la ofensiva proletaria contra la sociedad de clases, en pleno proceso de transición hacia formas más perfeccionadas de explotación y adiestramiento. Los obreros polacos socavaban con eficacia el dominio burocrático y acababan de darse en el viejo continente luchas que apuntaban directo a la raíz del problema como el movimiento asambleario español, la autonomía obrera en Italia, las manifestaciones incendiarias del norte de Francia o los enfrentamientos entre la policía y los mineros ingleses.

En cinco o seis años el Estado había dado pruebas irrefutables tanto de su incompetencia, al no controlar el funcionamiento del sistema capitalista, como de su impotencia, al no poder garantizar el orden en las fábricas y en los suburbios. La acción directa hacía progresos. La liquidación de importantes sectores industriales caducos y el confinamiento de los parados en guetos periféricos amenazaba con provocar una crisis mayor que la que trataba de paliar. El proletariado salía de su pasividad suicida y no se resignaba a conducirse como el ganado camino del matadero. Reinaba tal rencor en sus filas que la menor chispa provocaba estallidos de violencia, por desgracia, locales y aislados. Los radicales apostaban por que una extensión suficiente de la cólera obrera bloquease los mecanismos de la represión y permitiese la comunicación directa entre los parias de la tierra, sin dirigentes de por medio. “Cuando los obreros hablan, el Estado se disuelve”. Las revueltas del suburbio venían a confirmar esa transformación del desespero cotidiano en furor de vivir. Los habitantes de los extrarradios (la clase obrera empobrecida) no aceptaban el destino al que les condenaba la explotación capitalista y rechazaban violentamente tanto el trabajo como la mala vida que suponía. La violencia colectiva de los suburbios mostraba al conjunto de proletarios el camino para salir de la dinámica de producción-consumo. No podían conformarse con suplicar un derecho al trabajo y a la vivienda presentando como deseable lo que para muchos ya era insoportable, pero para satisfacer la voluntad de vivir plenamente tenían que enfrentarse al sistema de frente, procediendo con método. La gasolina y los palos tenían que hacer sitio a la discusión crítica, al rechazo de toda mediación, a la asociación antijerárquica. Sabemos en que paró todo aquello. Mediante una mezcla de represión, drogas y sindicalismo las victorias no se aprovecharon, muchas ocasiones se dejaron pasar, se dieron pasos en la mala dirección, hubo estancamiento, etc., y las consecuencias de tales errores y fracasos hoy las pagamos. Los que estuvieron en aquellos frentes de batalla volvieron más pobres en cuanto a experiencia comunicable. Se encontraron indefensos en medio de un paisaje que en pocos años se volvió irreconocible. El cierre de las industrias condenó a la precariedad a un gran número de trabajadores. De pronto se encontraron sin trabajo y sin recursos. Pero la nueva miseria fue mucho más que material: la vida se digitalizaba por momentos y la sumisión al menor de los imperativos económicos o tecnológicos era la norma. La pobreza de la experiencia, tanto privada como pública, era su principal resultado, el que definía un nuevo estado de barbarie. Yo he llamado a la sociedad donde reina ese estado sociedad de masas.

viernes, 14 de diciembre de 2012

Pensamientos intempestivos al acabar de sonar el tambor - Miguel Amorós (2011)



 

Cuando los excesos de la dominación generan protestas cuya realidad queda certificada por los medios se produce una ilusión de conciencia, un despertar aparente que parece anunciar la reaparición de la cuestión social y el retorno del sujeto destinado a protagonizar un nuevo cambio histórico. Sin embargo, al comprobar el carácter trivial y frívolo de las reivindicaciones centrales y al oír las repeticiones chabacanas de las ideologías progresistas, se nos disipan las dudas respecto a lo que realmente ha vuelto a través de la protesta consentida, que no es otra cosa que el cadáver del sujeto. La cuestión social continúa sin plantearse en profundidad, mientras que todos los muertos guardados en los armarios de las ideologías salen de paseo. A pesar del contenido de verdad que tenga, una protesta que flote en aguas estancadas junto a los restos podridos de otras seudoalgaradas anteriores no es el lugar más propicio para la reformulación de un proyecto de cambio real. Aunque se dote de mecanismos horizontales de toma de decisiones, aunque se constituya en asamblea, quienes toman la palabra en ella son en su mayoría impostores o aprendices de impostores. La razón se siente impotente ante la avalancha de lugares comunes extraídos del vertedero de la Historia, constatándose que la dominación capitalista –el sistema—no ha retrocedido un ápice, y que más bien, manipulando a sus víctimas, ha creado una falsa oposición civil con la que disipar los fuegos de la rebelión. No podía ser de otro modo. La clase obrera fue derrotada irremisiblemente hace treinta años y en su lugar no quedaron más que despojos que el sindicalismo minoritario no consigue ni conseguirá jamás revivir, coexistiendo con un gueto juvenil de militantes y refractarios, reducido y parcialmente empantanado. Nada con lo que reemprender lo que Hegel llamaba “el rudo trabajo de la inteligencia” con la que ilustrar a las nuevas generaciones, que, cuando hayan de echar mano al concepto, se darán de bruces con el tópico.

En todas las nuevas protestas espectaculares dos rasgos comunes están siempre presentes: primero, una gran cantidad de amigos sospechosos, que desde los medios oficiales ponderan, reargumentan y justifican la protesta propiamente descafeinada, de la que podan con firmeza sus brotes radicales. Segundo, una voluntad obsesiva de no buscarse enemigos, ni en las fuerzas del orden, ni en los partidos, ni en el Estado, ni en la mismísima economía, puesto que todas las propuestas de máximos o de mínimos, por extrañas que suenen, caben dentro del sistema (otra cosa es que el sistema decida incorporarlas). De ahí el pacifismo enfermizo, su reverso lúdico-festivo, la ambigüedad ante las elecciones y la preferencia por medidas que impliquen más poder estatal o mayor desarrollo económico (más capitalismo), rasgos que determinan una ideología específica, el ciudadanismo, reflejo exacto de una manera de pensar en vacío que arraiga sin problemas en el terreno abonado de la contestación baladí. Al menos una cosa ha de quedar clara: la protesta ciudadanista no cuestiona el sistema, no persigue subvertir el orden establecido, ni quiere poner otro en su lugar. Lo que quiere es participar, así que no postula un modo de vivir (y de producir) radicalmente opuesto al modo vigente. Su programa, en caso de confeccionarse, no iría más allá de reformas destinadas a abrir vías a la colaboración institucionalizada y a repartir las consecuencias de la crisis económica con la clase dominante de forma más equilibrada. Es una simple llamada de civismo a la dominación. Nada de cambiar la condición de asalariado, votante, automovilista e hipotecado, sino preservarla –si eso es posible- con empleo estable, reformas electorales y salario suficiente. La condición proletaria subsiste, pero disimulada bajo una supuesta condición ciudadana. El combate por su abolición ya no es una disputa encarnizada entre clases por el control y gestión del espacio social como sucedía en tiempos pasados, sino el ejercicio tranquilo de un derecho político en el marco de un Estado asequible y neutral.

jueves, 13 de diciembre de 2012

El decrecimiento revisitado - Miguel Amorós (2012)



“Aunque por tu modestia no lo creas,
las flores en tu sien parecen feas.”
Ramón de Campoamor

La constatación de la crisis presente como resultado de la etapa final del sistema capitalista, la globalización, ha originado una reacción contra las grandes corporaciones y las altas finanzas que se está materializando en dos clases de respuesta, una política y otra económica. La primera trata de sustraer al Estado de las influencias del mercado mundial, por una serie de medidas que le devuelvan su autonomía y le faciliten el control de los movimientos financieros. Al mismo tiempo, mediante una reforma del parlamentarismo, trata de fortalecer el sistema de partidos. Esto se resume en el “ciudadanismo.” La segunda, intenta fundar un sistema alternativo cohabitando con el capitalismo, basado en la expansión de lo que los americanos llaman “tercer sector” y los europeos, “economía social.” La vuelta pues al Estado-nación revitalizado y la promoción de una economía informal y solidaria sumergida en la sociedad mercantilizada. 

La crítica del actual momento capitalista ha dado lugar a diferentes teorías, una de las cuales es la del “decrecimiento.” En conjunto ya forman una subcultura, puesto que el avance de la crisis ha conformado un amplio gueto. Todas ellas recogen fragmentos críticos anteriores que flotan dispersos a falta de que un movimiento generalizado de protesta social los unifique, y que alimentan de forma diversa y contradictoria el “imaginario” de los contestatarios. En general, parten de los límites del proceso de acumulación ampliada (el “crecimiento”) y de su repercusión en el entorno, ya señalados en los años sesenta del siglo pasado por economistas críticos y por los primeros ecologistas. Después, van incorporando elementos basados en el funcionamiento económico de las sociedades indígenas redescubiertas por la antropología en la década anterior, o en la autoorganización de las barriadas periféricas de las metrópolis africanas, o en la crítica de las nuevas tecnologías, o en algunos postulados libertarios, etc. De todas las teorías, la del decrecimiento sería la que más asume las conclusiones que se imponen, es decir, la que no retrocede ante el cuestionamiento del “desarrollo” y del “progreso” persiguiendo “otro” desarrollo y “otro” progreso, bien se llame social, local o sostenible. Al contrario de lo que su denominación parece indicar, una sociedad del decrecimiento no significa para la mayoría de los autores una sociedad en recesión o con crecimiento negativo, sino una que no necesita crecer o desarrollarse para funcionar, una sociedad en la que el crecimiento o desarrollo no sea condición necesaria de existencia, una sociedad de “objetores del crecimiento”. En resumidas cuentas, una sociedad no capitalista.

miércoles, 12 de diciembre de 2012

A los libertarios - Guy Debord (1980)

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[Traducción aparecida en Comunicados de la prisión de Segovia y otros llamamientos a la guerra social, junto a textos de grupos autónomos españoles, Bilbo, Muturreko Burutazioak/El Lokal, marzo de 2000].

Compañeros,
Estamos asistiendo al rearme espectacular del Estado, nuestro gran enemigo, cosa que hacen todas las clases dirigentes del mundo cuando quieren dar a la descomposición de sus fundamentos una apariencia de solidez. Sus excesos han paseado la verdad por todos los rincones del país: hoy en día no hay nadie tan ingenuo o tan desvergonzado que se atreva a negar que nos encontramos bajo un despotismo tan duro, envilecedor y difícil de soportar como el que hubo en tiempos de Franco, y a medida que pasa el tiempo, será peor. Nosotros estamos ahora dispersos, cuando no desmoralizados. Hemos entablado una batalla que no supimos librar como debimos. Hemos tenido bajas, tenemos presos. La lucha por su liberación puede ser un punto de partida para un nuevo movimiento revolucionario más efectivo y coherente; el silencio y la inacción nos llenarán de oprobio, la Historia jamás nos perdonará.

Estímados Compañeros

Lamentamos tener que llamar vuestra atención sobre una cuestión grave y urgente que, normalmente, tendríais que conocer bastante mejor que nosotros, que estamos lejos y somos extranjeros. Pero nos vemos obligados a constatar que diversas circunstancias os han colocado hasta hoy en la imposibilidad de conocer los hechos o su significado. Creemos pues, deber de exponemos claramente los hechos siguientes, así como las circunstancias que han dificultado vuestra información.
Más de cincuenta libertarios en estos momentos, se hallan detenidos en las prisiones españolas, y mucho de ellos ya llevan varios años sin ser juzgados. El mundo entero, que cada día oye hablar de las luchas de los vascos, ignora completamente este aspecto de la realidad española actual. En España misma, la existencia y los nombres de estos compañeros son citados a veces ante un sector restringido de la opinión, pero se guarda generalmente silencio sobre lo que han hecho y sobre sus motivos; y nada concreto se emprende para lograr su liberación.
Cuando nos dirigimos a vosotros, no tenemos la intención de conceder a la C.N.T, tal como ha sido reconstituida, un papel de referencia central y de representación de los libertarios: todos los que lo son no forman parte de ella y todos los que forman parte no lo son.
La hora del sindicalismo revolucionario pasó desde hace tiempo, porque, bajo el capitalismo modernizado, todo sindicalismo tiene reconocido su sitio, grande o pequeño, en el espectáculo de la discusión democrática sobre los acicalamientos del estatuto del trabajo asalariado, es decir, en tanto que interlocutor y cómplice de la dictadura del trabajo asalariado: democracia y trabajo asalariado son incompatibles, y esta incompatibilidad, que ha existido siempre esencialmente, se manifiesta en nuestros días visiblemente, en toda la superficie de la sociedad mundial. A partir del momento en que el sindicalismo y la organización del trabajo alienado se reconocen recíprocamente, como poderes que establecen entre sí relaciones diplomáticas, toda clase de sindicato para poder llevar su actividad reformista, desarrolla dentro de sí un nuevo tipo de división de trabajo, más y más ridículo a medida que pasa el tiempo. Aunque un sindicato se declare ideológicamente hostil a todos los partidos políticos, no logrará, de ninguna manera, impedir su caída en manos de su propia burocracia de especialistas de la dirección igual que un partido político cualquiera. Cada instante de su práctica real lo demuestra. El asunto aquí evocado lo ilustra perfectamente puesto que, si en España los libertarios organizados hubieran dicho lo que tenían que decir, no hubiéramos nosotros tenido que decirlo ahora en su lugar.
De la cincuentena de presos libertarios, en su mayoría presos en la cárcel de Segovia, aunque también en otras cárceles (la "Modelo" de Barcelona, las de "Carabanchel" y "Yeserías" de Madrid, la de Burgos, la de Herrera de la Mancha, la de Soria ... ), muchos son inocentes, víctimas de las clásicas provocaciones policiales. De éstos se habla un poco, y hay quien está dispuesta defenderles, pero más bien pasivamente. Pero en cambio, la mayoría de los presos, han dinamitado efectivamente vías férreas, tribunales, edificios públicos. Han recurrido a expropiaciones a mano armada contra diversas empresas y buen número de bancos. Se trata en particular de un grupo de obreros de SEAT de Barcelona (que en un tiempo se denominaron "Ejército Revolucionario de Ayuda a los Trabajadores"), que quisieron de este modo aportar ayuda pecuniaria a los huelguistas de su fábrica, así como a los parados; y de los "grupos autónomos " de Barcelona, Madrid y Valencia, que han actuado por el estilo, mayor tiempo, con la intención de propagar la revolución por todo el país. Estos compañeros son igualmente los que se sitúan en las posiciones teóricas más avanzadas. Y mientras el fiscal pide penas individuales de entre treinta y cuarenta años de condena para algunos de ellos, ¡precisamente sobre éstos se cierne el silencio más absoluto y el olvido voluntario de tanta gente!

martes, 15 de mayo de 2012

"Desde el pensamiento ecofeminista anticapitalista se defiende que el sistema socioeconómico toma la forma de un iceberg" - Entrevista a Yayo Herrero

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30/11/2011
En los paises francofonos no existe mucha literatura sobre el écofeminismo y la poco que existe es el ecofeminismo espiritualista y por otro lado, incluso en los sectores écologista radicales, se mira con mucha desconfianza la corriente ecofeminista y el ecofeminismo. Ven en este incipiente movimiento una vuelta mistica a la tierra por un lado y por otro no comparten la idea que por el simple hecho de ser mujer hay una relación más directa y diferente a la naturaleza.
Para aclararnos un poco, nos hemos entrevistado con Yayo Herrero, profesora dela Universidad Nacional de Educación a Distancia Y co-coordinadora de Ecologistas en Acción.

P. Qué es el ecofeminismo y cual es su historia ?

El ecofeminismo es un movimiento amplio de mujeres que nace de la conciencia de este doble sometimiento, y de la creencia en que las luchas contra ambos, el ecologismo y el feminismo, contienen las claves de la dignidad humana y de la sostenibilidad en equidad.

Los movimientos de defensa de la tierra han tenido y tienen entre sus activistas a muchas mujeres. Es conocido el protagonismo de mujeres en el movimiento Chipko en defensa de los bosques, en el movimiento contra las presas del río Narmada en India, en la lucha contra los residuos tóxicos del Love Canal, origen del movimiento por la justicia ambiental en EEUU, como también lo es su presencia en movimientos locales de defensa de terrenos comunales, en las luchas por el espacio público urbano o por la salubridad de los alimentos. En el caso de muchas mujeres pobres, su ecologismo es el ecologismo de quienes dependen directamente de un ambiente protegido para poder vivir.


A mediados del siglo pasado el primer ecofeminismo discutió las jerarquías que establece el pensamiento occidental, revalorizando los términos de la dicotomía antes despreciados: mujer y naturaleza. La cultura protagonizada por los hombres ha desencadenado guerras genocidas, devastamiento y envenenamiento de territorios, gobiernos despóticos. Las primeras ecofeministas denunciaron los efectos de la tecnociencia en la salud de las mujeres y se enfrentaron al militarismo y a la degradación ambiental, comprendiendo estos como manifestaciones de una cultura sexista. Petra Kelly es una de sus representantes.

sábado, 12 de mayo de 2012

Hacia nuevas creaciones políticas. Movimientos, instituciones, nueva militancia - Raúl Sánchez Cedillo (2007)

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Un conjunto de síntomas recurrentes nos obliga, de nuevo, a imaginar, recordar, proyectar y construir instituciones. Las fechas que señalan los acontecimientos pueden servirnos de brújula para entender el carácter de necesidad que presenta la cuestión de la creación institucional, en particular en el espacio político europeo: el 1 de enero de 1994, cuando el EZLN se levantó en armas contra el gobierno mexicano y contra el poder neoliberal en el mundo. Son ya más de 13 años los que han pasado desde aquel acontecimiento decisivo para la salida de los que Félix Guattari denominara «años de invierno». Más cercanas en el tiempo están las jornadas de Génova, los 20-22 de julio de 2001, que sin duda marcaron un punto de inflexión en la capacidad de creación política del llamado movimiento de movimientos. La declaración de guerra al movimiento por parte del G8 (vía el gobierno Berlusconi) y, en el mismo año, la instalación del régimen de guerra global tras los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York, pusieron punto y final al espacio político democrático que el movimiento global estaba construyendo y que tuvo en Seattle, el 30 de noviembre de 1999, su acontecimiento fundador. Como sabemos, el movimiento contra la guerra en Irak fue calificado por el New York Times, como la «segunda potencia mundial», pero esta vez se trataba de la potencia de la opinión pública, de un nuevo polo de influencia en las «democracias de opinión», es decir, de una potencia domesticada, neutralizada. Han pasado seis años desde entonces, y el espacio político in nuce que prefiguraban los movimientos, y que hasta ahora tan sólo experiencias como el Euromayday han conseguido mantener abierto, parece cerrarse a pasos agigantados, sobre todo desde que, paradójicamente, el rechazo del TCE por parte de las y los votantes en Francia y Holanda reforzase el carácter no democrático, puramente confederal e intergubernamental, de la construcción europea, Sarkozy docet.
Así, pues, impotencia política, debilidad organizativa y disipación de la subjetividad o, dicho de otra manera, crisis de la producción de subjetividad, de su consistencia y de su autoorganización. Tales parecen ser los rasgos centrales de la crisis de la forma movimiento en el territorio europeo, lo que se traduce en buena medida en su incapacidad, en primer lugar, para construir batallas locales y regionales que expresen relaciones de fuerza, en particular en el terreno de la precarización de la renta y de los derechos sociales, y en términos generales en la lucha contra una governance íntimanente ligada a la movilización general productiva, al workfare y al warfare que informa hoy las «políticas sociales» y las relaciones laborales en el continente cuyo centro de gravedad es la Unión europea. Éste es el drama de las expresiones políticas que ven en la experiencia de la precariedad un foco de subjetivación política general y un terreno de reinvención de la lucha de clases adecuada a la hegemonía de lo que se ha venido denominando «capitalismo cognitivo». Pero en segundo lugar se traduce en el empobrecimiento tendencial de la creación política y de sus dimensiones de enunciación (discursiva-significante, poética, tecnomaquínica, institucional). No creo que suponga una exageración la siguiente afirmación: las promesas y los primeros ensayos de fauve renouveau han cedido el protagonismo, hasta nueva orden, al sentido común populista y conformista, así como a su opuesto simétrico, el sectarismo ideológico presa del delirio de binarización total, rasgos ambos de una vieja política de la «resistencia» y de las «amplias alianzas», vieja ferralla de la época del socialismo como (poder de) gestión alternativa de la relación de capital. Un corte transversal de las distintas «familias» o polaridades que compusieron el «movimiento de movimientos» en Europa puede confirmarnos, con extraordinarias excepciones, esta situación difícil de confesar y de plantear como problema público.
Con arreglo a este breve apunte de «coyuntura», ¿qué utilidad, o qué fuerza heurística puede ofrecernos la temática de las instituciones, de su creación y/o destitución? No poca, sobre todo si somos capaces de circunscribir problemas concretos en situaciones concretas y actuales, al mismo tiempo que enmarcamos y contextualizamos el inmenso acervo de la crítica y de la teoría de las instituciones en la coyuntura presente, marcada por la neutralización de la potencia constituyente de los movimientos de lucha, y en un medio en el que la vida es tan política como productiva, de tal suerte que sólo formalmente podemos establecer distinciones entre la politización de la existencia de individuos y colectivos y las matrices de nueva potencia productiva (fuera de y/o contra el valor-medida), o bien, desde el punto de vista de la capacidad de captura y control de las singularidades cooperantes, las tecnologías y dispositivos del biopoder en red sólo pueden determinar secuencias de valor económico con arreglo a una relación social entre sujetos, entre individuos creativos, capaces de afectarse unos a otros, de ejercer un poder (y por ende una modificación de su actitud) de unos sobre otros, con arreglo a relaciones móviles y dentro de una abertura espacio temporal, la del mercado generalizado de las formas de vida, que es también la dimensión, decisiva, del proyecto, en el que todas las competencias del sujeto deben concatenarse para realizar, en la finitud del espacio y del tiempo, los objetivos de autovalorización de sí mismo. En este sentido, la forma individuo resulta tan esencial para esta ontología neoliberal de la producción y del gobierno como su riqueza de relaciones, interacciones, experiencias, etc. Cabe plantear la hipótesis de que, para este individuo productivo, el régimen de guerra en tanto que elemento de su mundo de la vida funciona, dentro de determinados parámetros de estabilidad de su vida, como un cúmulo de riesgos e incertidumbres, de déficit de información, de miedo y esperanza, ciertamente, pero también como un acicate para su rendimiento en la red de la movilización total productiva, como una constante confirmación de la finitud y  la fragilidad de su proyecto de sí mismo.