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miércoles, 8 de mayo de 2013

DOS VISIONES o muchas más – Charla/Debate sobre la Revolución Española

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“El 14 de abril de 1931, la movilización popular tras las elecciones municipales supuso la caída de la odiada y corrupta monarquía. Sin embargo, con la proclamación de la república no se acabaron los problemas de las personas oprimidas, la clase trabajadora y el campesinado, y hubo un sector que repetidamente quiso ir más allá y cuestionó el propio capitalismo, así como el Poder.

El verano de 1936 o mayo del 37 son solo algunas de las muchas fechas olvidadas por la Historia, escrita siempre por los que ganan. Incluso, en momentos y en lugares creó algo distinto, un sistema real que rompió con la lógica del capital y la explotación: el estado español llegó a ser la sociedad autogestionaria más grande de Europa.

Esto tampoco lo cuenta la historia, con minúsculas.

Los problemas, éxitos y vicisitudes de aquella época cobran una enorme vigencia en la medida que pueden servirnos de enseñanza para las tareas que afrontamos quienes queremos un mundo mejor, diferente y anticapitalista. Un mundo en el que las élites empresariales y financieras o los poderosos y verticales partidos no marquen la hoja de ruta ni escriban su Historia.

En torno a estos convulsos y recientes tiempos de Revuelta charlaremos con compañeros y compañeras desde diferentes perspectivas: la trostkista, la comunista, republicana, la ácrata o la anarquista y por supuesto la tuya.

Te esperamos el 9 de mayo a las 19.30 en El EKo.

Salud y Revolución”

lunes, 7 de enero de 2013

¿Qué fue de la autonomía obrera? - Miguel Amorós



La palabra “autonomía” ha estado relacionada con la causa de la emancipación del proletariado desde hace tiempo. En el Manifiesto Comunista Marx definía al movimiento obrero como “el movimiento autónomo de la inmensa mayoría en provecho de la inmensa mayoría”. Más tarde, pero basándose en la experiencia de 1848, en “La Capacidad Política de la Clase Obrera” Proudhon afirmaba que para que una clase actuase de manera específica había de cumplir los tres requerimientos de la autonomía: que tuviera consciencia de si misma, que como consecuencia afirmase “su idea”, es decir, que conociese “la ley de su ser” y que supiese “expresarla por la palabra y explicarla por la razón”, y que de esa idea sacase conclusiones prácticas. Tanto Marx como Proudhon habían sido testigos de la influencia de la burguesía radical en los rangos obreros y trataban de que el proletariado se separase políticamente de ella. La autonomía obrera quedó definitivamente expresada en la fórmula de la Primera Internacional: “la emancipación de los trabajadores será obra de ellos mismos”.

En la etapa posterior a la insurrección de La Commune de Paris y dentro de la doble polémica entre legalistas y clandestinos, colectivistas y comunistas, que dividía al movimiento anarquista, la cuestión de la autonomía derivaba hacia el problema de la organización. En condiciones de retroceso revolucionario y de represión creciente, la publicación anarquista de Sevilla La Autonomía defendía en 1883 la independencia absoluta de las Federaciones locales y su organización secreta. Los comunistas libertarios elevaban la negación de la organizacion de masas a la categoria de principio. Los colectivistas catalanes escribían en la Revista Social que “los comunistas anárquicos no aceptan más que la organización de grupos y no tienen organizadas secciones de oficios, federaciones locales ni comarcales […]. La constitución de grupos aislados, tan completamente autónomos como sus individuos, que muchas veces no estando conformes con la opinión de la mayoría, se retiran de un grupo para constituir otro…” (n° 12. 1885, Sants). El concepto de la autonomía se desplazaba hacia la organización revolucionaria. En 1890 exisíia en Londres un grupo anarquista de exiliados alemanes cuyo órgano de expresion La Autonomia hacía efectivamente hincapié en la libertad individual y en la independencia de los grupos. Frente al reformismo de la política socialista y el aventurerismo de la propaganda por el hecho que caracterizó un periodo concreto del anarquismo, volvió a plantearse la cuestión de la autonomía obrera, es decir, del movimiento independiente de los trabajadores. Así surgió el sindicalismo revolucionario, teoria que propugnaba la autoorganización obrera a través de los sindicatos, libres de cualquier tutela ideológica o política. Mediante la táctica de la huelga general, los sindicatos revolucicnarios aspiraban a ser órganos insurreccionales y de emancipación social. Por otro lado, las revoluciones rusa y alemana levantaron un sistema de autogobierno obrero, los consejos de obreros y soldados. Tanto los sindicatos como los consejos eran organismos unitarios de clase, solo que los primeros eran más apropiados para la defensa y los segundos para el ataque, aunque unos y otros desempeñaron ambas funciones. Los dos conocieron sus limites históricos y ambos sucumbieron a la burocratización y a la recuperación. También la cuestión de la autonomia alcanzó los modos de expropiación en el periodo revolucionario. En 1920 el marxista consejista Karl Korsch designaba la “autonomía industrial” como una forma superior de socialización que vendría a coincidir con la “colectivización” anarcosindicalista y con lo que en los años sesenta se llamo autogestión.

sábado, 15 de diciembre de 2012

Aullidos a favor del situacionismo - Maurizio Lazzarato (1995)

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Pensador italiano radicado en París, Maurizio Lazzarato es conocido sobre todo por sus investigaciones sobre el capitalismo cognitivo, el trabajo inmaterial y la aparición de los llamados movimientos ‘post-socialistas’. Fue colaborador de la revista Futur antérieur y es uno de los fundadores de Multitudes, a cuyo consejo de redacción pertenece. [Traducción de Diego Luis Sanromán].




1.
El situacionismo ha triunfado en el marco de un mundo que ha sido esencialmente transformado. Dicho triunfo se vuelve contra el situacionismo, que no esperaba más que el derrocamiento del orden social dominante. Pero, al mismo tiempo, el retraso producido en la acción de las masas que trabajan en tal derrocamiento, conservando y agravando, junto a las demás contradicciones del capitalismo evolucionado, las mismas impotencias de la creación cultural, mantiene la actualidad del situacionismo y favorece múltiples repeticiones degradadas.

El mundo posmoderno se ha puesto a la par del adelanto formal con el que contaba el situacionismo.


2.
El situacionismo es el “redescubrimiento y la perfección” de la crítica de la economía política marxiana aplicada a las condiciones modernas de explotación capitalista.


3.
La brillante aplicación del concepto marxiano de fetichismo de la mercancía a las temáticas de la producción cultural, del juego, del urbanismo, de la vida cotidiana o incluso de la comunicación y de los mass-media, renueva la teoría de Marx y, al mismo tiempo, vuelve definitivamente irrisorios los dogmas esclerotizados del “marxismo” (tanto de sus pensadores como de sus partidos).

A todos los jóvenes inclinados por naturaleza a la superación y al juego, al rechazo del trabajo y del poder, no les deseamos más que una cosa: que irradien por siempre jamás inteligencia y gracia o, lo que viene a ser lo mismo, que lean los números de junio y diciembre de 1958 de la Internacional Situacionista. Todavía hoy podrán reírse de la interpretación economicista y “científica” de la lucha de clases y sus ojos brillarán al contacto de la ironía, de los hermosos sarcasmos, de la resplandeciente rebelión maridada con el rigor y la inteligencia de un pensamiento vivo y libre.

4.
El situacionismo es asimismo el heredero de la carencia del proyecto del joven Marx, que consistió en una comprensión de la praxis dominada por la categoría hegeliana de lo negativo, o dicho de otro modo, del proletariado dentro de las categorías marxianas de la dialéctica. La recuperación, la falsificación actual del situacionismo son producto de dicha carencia, pues allá donde se perdió el proletariado, el concepto de Espectáculo fue inmediatamente tomado e invertido por los ideólogos del poder.

La carencia del situacionismo se refleja de forma bien evidente en los límites de las luchas revolucionarias del proletariado de su época.


5.
La crítica radical de lo “existente” condujo a los situacionistas a la conclusión de la práctica y de la teoría del movimiento revolucionario inaugurado por Marx y a la necesidad de su superación.

Dicha superación, cuyas condiciones estaban todas contenidas en el 68, no ha sido realizada, ni práctica ni teóricamente, en ninguna parte.

jueves, 14 de junio de 2012

Contra la represión gorila: concretar la unidad de la izquierda y activar la solidaridad internacional - MIR (enero de 1975)


 

Si había alguna duda, los acontecimientos recientes en Chile y en el exterior, de que damos cuenta en este número, despejan completamente el panorama. Las noticias sobre el desarrollo de la Resistencia en Chile; la publicación del número 101 de El Rebelde en la clandestinidad; el reemplazo regular de Miguel Enríquez por Andrés Pascal Allende en la secretaría general del MIR; las importantes declaraciones de Edgardo Enríquez al diario Le Monde; el deterioro constante de la posición de la junta militar, en el plano interno e internacional: todo ello resta cualquier validez a los asomos derrotistas y a la tentación surgida en sectores de la izquierda chilena de buscar acuerdos espurios, a raíz de la muerte en combate de Miguel Enríquez.

Esto se confirma también por la misma campaña de desmoralización intentada por la prensa chilena respecto al MIR, y al movimiento de Resistencia. Tras el intento fracasado –como habíamos previsto, oportunamente- de sembrar el desaliento en las filas del Partido y entre las masas, esa campaña se ha ido modificando. Titulares de primera plana y páginas enteras dedicadas al MIR por El Mercurio, La Segunda y demás órganos de la burguesía han pasado de la euforia inicial que les diera la muerte de Miguel Enríquez al tono de alarma y advertencia ante la incapacidad de la represión para desarticular al MIR y a la Resistencia.

Aclarado así el panorama por la fuerza misma de los hechos, se hace necesario analizar fríamente la situación que atraviesa en este momento la Resistencia Popular y el movimiento revolucionario chileno, ya que sólo esto nos permite estimar sus perspectivas. Ello nos obliga a proceder a una recapitulación.

martes, 12 de junio de 2012

Pedagogizar la acción revolucionaria - Secretariado Nacional del MIR

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Algunas consideraciones para trabajar en el seno del pueblo.
“El camino es largo y desconocido en parte;  conocemos nuestras limitaciones. Haremos el hombre del siglo XXI: nosotros mismos. Nos forjaremos en la acción cotidiana, creando un hombre nuevo con una nueva técnica.”                                                                    (Ernesto “Che” Guevara)  
   
A modo de introducción.
La tarea de reconstruir el Movimiento Obrero y Popular y desarrollar, a partir de dicha reconstrucción,la Fuerza SocialRevolucionaria en el seno de nuestra clase, debe comenzar por hacer un análisis científico sobre el cómo llevaremos a cabo el proceso de enseñanza-aprendizaje y aprendizaje-enseñanza de las contradicciones de clase inherentes al capitalismo y cómo reaccionar conscientemente para combatirlas. Más todavía hoy, cuando estamos enfrentados a una fase avanzada y senil del capitalismo monopólico-financiero, donde el hombre (entendido como humano, no como género) es más “lobo del hombre” que nunca.
Tenemos un elemento que debemos trabajar acabadamente, el que hace relación con la total hegemonía ideológica de las clases dominantes. Es aquí donde NO sólo las condiciones económicas toman fuerza para explicar las contradicciones de clases, o sea, debemos hacer un análisis acabado de lo que realmente significa “El Capital” de Marx, no sólo como libro economicista como han pregonado muchos Marxoides dogmáticos y desviados, sino que lo debemos relacionar conjuntamente con la cultura como forma de dominación de una clase sobre otra. En cuanto a esto último, debemos tener siempre presente para el análisis el hecho de que la clase dominante: La burguesía, sea hoy la clase opresora del proletariado, no responde a un hecho mecánico, menos divino a la usanza del “destino manifiesto”, sino que corresponde a una serie de elemento históricos de las relaciones entre los hombres y hombres, mujeres y hombres, hombres y mujeres; y mujeres y mujeres. Ahora bien, que los proletarios del mundo seamos los vencidos de esta fase de la historia conlleva a que el bloque dominante (los vencedores) quiera hacernos creer que no hemos sido derrotados, sino que estamos en esta condición por voluntad propia. Tal ha sido el grado de avanzada y violencia de la burguesía, que nos ha hecho creer que efectivamente tal condiciones es ahistórica, eterna, es algo divino que jamás va a cambiar, lo cual corresponde a la fase más estabilizada del dominio: La paz. Al haber paz entre vencidos y vencedores, estos últimos podrán ejercer sus privilegios libremente. A pesar de que nos han introducido una paz forzada por la violencia de Estado, entre muchas otras formas de oprimir y estrangular a los proletarios mucho más para mantener el statu quo, el capitalismo siempre presenta fases o ciclos de crisis; he allí donde debemos desnaturalizar las relaciones sociales y productivas alienadas que genera este horrible sistema.
 Para desnaturalizar el sistema hegemónico desde sus cimientos, el desarrollo dela Fuerza SocialRevolucionaria es indispensable. Sin embargo, esta pasa por determinadas estrategias por parte del movimiento revolucionario, las cuales obedecerán al plan político que el período nos demande. Ahora bien, debemos ser muy cautos en el sentido de aplicar la mejor forma de mostrar a nuestro pueblo todas las injusticias que vivimos a diario; cómo poder enfrentarse al gigante capitalista, cómo podemos hacer tambalear al gigante y cómo eliminar a sus siervos, o sea, cómo podemos ganar la pulsada al Estado y a sus aparatos represivos. Esta es una de las tareas fundamentales que la izquierda revolucionaria debe planificar para contribuir  al proceso de acumulación de fuerza, que a posteriori debe traducirse en gérmenes de Poder Popular que sustenten y avalen el proceso revolucionario anticapitalista, antiimperialista, de liberación nacional y por el socialismo. Además de ello, debemos enseñar desde la acción cotidiana a los demás sectores de la izquierda revolucionaria, siempre con mucha humildad; para ello la moral revolucionaria toma una fuerza tan importante como el hecho de desarrollar, desde el seno del pueblo,la Fuerza SocialRevolucionaria o el Poder Popular.

lunes, 4 de junio de 2012

"También luchábamos, también caíamos": aproximación a la represión sufrida por las militantes femeninas del MIR en la dictadura de Pinochet - José Miguel Castillo Mora

 

Resumen

La finalidad de este artículo es demostrar como la represión selectiva del la dictadura del General Pinochet afectó de una manera mucho más acentuada a las mujeres militantes miristas por el carácter rupturista que esta organización tenía en Chile. Intentamos platear una contextualización de la situación de las mujeres en este país asi, como la inclusión de éstas en los partidos políticos y los movimientos sociales. El cuerpo del trabajo y la tesis principal se basa en el análisis de los datos del informe Rettig de detenidos desaparecidos en esta podemos apreciar muy claramente como el victimario de mujeres miristas sobrepasa con mucho al de las demás militantes de otros partidos.
 
 

lunes, 14 de mayo de 2012

Los arrebatos “justicieros” del poder político - Montserrat Galcerán

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07-07-2010

Dicen algunos filósofos que un reparto es “justo” cuando, si se hubiera hecho de otra forma, el peor parado no hubiera salido peor. Apliquémoslo al actual reparto de los costes de la crisis, ¿a nadie se le ocurre ninguna otra forma de repartirla en la que los peor parados no hubieran salido peor? A mí se me ocurren varias: que los autores de los desmanes financieros indemnizaran a la sociedad; que promediáramos los sueldos, incluidos los de los políticos; que introdujéramos una renta básica y algunos otros. Pero para ello hace falta cambiar no sólo el concepto de justicia sino la concepción del Estado protector del “bien común”.

La lógica del Estado de Derecho parte del supuesto de que ciudadanos individuales ceden la salvaguardia de sus derechos civiles a los poderes del Estado. No contempla la existencia de situaciones compartidas que favorecen el que los ciudadanos se asocien configurando fuerzas sociales, a no ser en el caso de las asociaciones empresariales o en los partidos políticos. Pero la realidad indica que este individualismo no es más que el mascarón de proa de un proceso de desarticulación de las fuerzas colectivas o de dominación, que sufrimos por parte de grupos o colectivos más poderosos. El que éstos sean anónimos, como por ejemplo los mal llamados “mercados financieros”, no implica que no operen como poderes colectivos integrados por una pléyade de agencias y empresas con un gran poder.

Para ilustrar esa complejidad, tomemos como ejemplo la huelga del metro de Madrid. El convenio en vigor, pactado en junio de 2009, contemplaba un aumento de unos 109 euros (primas incluidas). Para 2010 se preveía una subida semejante. De aplicarse el arrebato justiciero de la Comunidad de Madrid, que es al tiempo la empresa, el convenio se rompería unilateralmente por decisión empresarial-política. ¿Cabe mayor ejercicio de despotismo político-económico?

Me pregunto qué habría ocurrido si los trabajadores hubieran ampliado unilateralmente sus vacaciones porque les resultan demasiado cortas. Si los trabajadores no pueden (ni deben) romper los acuerdos ¿por qué puede romperlos la parte empresarial, aún siendo a la vez la representación política de los ciudadanos de la Comunidad?, ¿le hemos dado algún poder especial a la Sra. presidenta para que sancione a los trabajadores bajo el ardid de que pretende defendernos?, ¿compartimos acaso su concepción sesgada de lo que es justicia?

Este ejemplo sirve para mostrar lo peligroso de tratarnos como individuos aislados, súbditos de un poder que sedicentemente mira por nuestro bienestar; no somos particulares perdidas en una masa amorfa, sino que estamos integradas en colectivos con capacidad de negociación, cuyos acuerdos deben valer como “normas de obligado cumplimiento”. Especialmente cuando son acuerdos tomados en un proceso público de negociación cuyas formas democráticas permiten la participación de los implicados.

Y esto es importante. Porque el objetivo de las luchas y conflictos que se avecinan no debería ser sólo el de mantener el nivel de los ingresos –con todo lo importante que es esta cuestión– sino construir una capacidad colectiva que nos permita hacer respetar la legalidad de los acuerdos y el mantenimiento de los derechos sociales.

El “interés común” incluye los derechos individuales y sociales de las personas, derechos conquistados en el pasado, incluye el respeto a las libertades individuales e incluye el respeto a los acuerdos negociados. Un poder político que comete ilegalidades, aunque las considere “justas”, es un atentado contra los ciudadanos y en ningún caso una salvaguardia del “bienestar común”, más bien una amenaza.

sábado, 12 de mayo de 2012

Hacia nuevas creaciones políticas. Movimientos, instituciones, nueva militancia - Raúl Sánchez Cedillo (2007)

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Un conjunto de síntomas recurrentes nos obliga, de nuevo, a imaginar, recordar, proyectar y construir instituciones. Las fechas que señalan los acontecimientos pueden servirnos de brújula para entender el carácter de necesidad que presenta la cuestión de la creación institucional, en particular en el espacio político europeo: el 1 de enero de 1994, cuando el EZLN se levantó en armas contra el gobierno mexicano y contra el poder neoliberal en el mundo. Son ya más de 13 años los que han pasado desde aquel acontecimiento decisivo para la salida de los que Félix Guattari denominara «años de invierno». Más cercanas en el tiempo están las jornadas de Génova, los 20-22 de julio de 2001, que sin duda marcaron un punto de inflexión en la capacidad de creación política del llamado movimiento de movimientos. La declaración de guerra al movimiento por parte del G8 (vía el gobierno Berlusconi) y, en el mismo año, la instalación del régimen de guerra global tras los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York, pusieron punto y final al espacio político democrático que el movimiento global estaba construyendo y que tuvo en Seattle, el 30 de noviembre de 1999, su acontecimiento fundador. Como sabemos, el movimiento contra la guerra en Irak fue calificado por el New York Times, como la «segunda potencia mundial», pero esta vez se trataba de la potencia de la opinión pública, de un nuevo polo de influencia en las «democracias de opinión», es decir, de una potencia domesticada, neutralizada. Han pasado seis años desde entonces, y el espacio político in nuce que prefiguraban los movimientos, y que hasta ahora tan sólo experiencias como el Euromayday han conseguido mantener abierto, parece cerrarse a pasos agigantados, sobre todo desde que, paradójicamente, el rechazo del TCE por parte de las y los votantes en Francia y Holanda reforzase el carácter no democrático, puramente confederal e intergubernamental, de la construcción europea, Sarkozy docet.
Así, pues, impotencia política, debilidad organizativa y disipación de la subjetividad o, dicho de otra manera, crisis de la producción de subjetividad, de su consistencia y de su autoorganización. Tales parecen ser los rasgos centrales de la crisis de la forma movimiento en el territorio europeo, lo que se traduce en buena medida en su incapacidad, en primer lugar, para construir batallas locales y regionales que expresen relaciones de fuerza, en particular en el terreno de la precarización de la renta y de los derechos sociales, y en términos generales en la lucha contra una governance íntimanente ligada a la movilización general productiva, al workfare y al warfare que informa hoy las «políticas sociales» y las relaciones laborales en el continente cuyo centro de gravedad es la Unión europea. Éste es el drama de las expresiones políticas que ven en la experiencia de la precariedad un foco de subjetivación política general y un terreno de reinvención de la lucha de clases adecuada a la hegemonía de lo que se ha venido denominando «capitalismo cognitivo». Pero en segundo lugar se traduce en el empobrecimiento tendencial de la creación política y de sus dimensiones de enunciación (discursiva-significante, poética, tecnomaquínica, institucional). No creo que suponga una exageración la siguiente afirmación: las promesas y los primeros ensayos de fauve renouveau han cedido el protagonismo, hasta nueva orden, al sentido común populista y conformista, así como a su opuesto simétrico, el sectarismo ideológico presa del delirio de binarización total, rasgos ambos de una vieja política de la «resistencia» y de las «amplias alianzas», vieja ferralla de la época del socialismo como (poder de) gestión alternativa de la relación de capital. Un corte transversal de las distintas «familias» o polaridades que compusieron el «movimiento de movimientos» en Europa puede confirmarnos, con extraordinarias excepciones, esta situación difícil de confesar y de plantear como problema público.
Con arreglo a este breve apunte de «coyuntura», ¿qué utilidad, o qué fuerza heurística puede ofrecernos la temática de las instituciones, de su creación y/o destitución? No poca, sobre todo si somos capaces de circunscribir problemas concretos en situaciones concretas y actuales, al mismo tiempo que enmarcamos y contextualizamos el inmenso acervo de la crítica y de la teoría de las instituciones en la coyuntura presente, marcada por la neutralización de la potencia constituyente de los movimientos de lucha, y en un medio en el que la vida es tan política como productiva, de tal suerte que sólo formalmente podemos establecer distinciones entre la politización de la existencia de individuos y colectivos y las matrices de nueva potencia productiva (fuera de y/o contra el valor-medida), o bien, desde el punto de vista de la capacidad de captura y control de las singularidades cooperantes, las tecnologías y dispositivos del biopoder en red sólo pueden determinar secuencias de valor económico con arreglo a una relación social entre sujetos, entre individuos creativos, capaces de afectarse unos a otros, de ejercer un poder (y por ende una modificación de su actitud) de unos sobre otros, con arreglo a relaciones móviles y dentro de una abertura espacio temporal, la del mercado generalizado de las formas de vida, que es también la dimensión, decisiva, del proyecto, en el que todas las competencias del sujeto deben concatenarse para realizar, en la finitud del espacio y del tiempo, los objetivos de autovalorización de sí mismo. En este sentido, la forma individuo resulta tan esencial para esta ontología neoliberal de la producción y del gobierno como su riqueza de relaciones, interacciones, experiencias, etc. Cabe plantear la hipótesis de que, para este individuo productivo, el régimen de guerra en tanto que elemento de su mundo de la vida funciona, dentro de determinados parámetros de estabilidad de su vida, como un cúmulo de riesgos e incertidumbres, de déficit de información, de miedo y esperanza, ciertamente, pero también como un acicate para su rendimiento en la red de la movilización total productiva, como una constante confirmación de la finitud y  la fragilidad de su proyecto de sí mismo.

viernes, 27 de abril de 2012

Sujeto, libertad y alienación en una perspectiva «marxista» - Montserrat Galcerán Huguet

 
A modo de preámbulo, y antes de entrar en materia, quiero referirme a dos cuestiones previas, una de tipo histórico y otra de índole metodológica. En primer lugar, y en lo que respecta a por qué iniciar con Kant y no con cualquier otro pensador anterior o posterior a él, esta reflexión sobre el problema del sujeto, o mejor dicho, a propósito del ser concebido como sujeto, hay que decir que, en mi opinión, la tematización del sujeto como categoría ontológica fundante empieza realmente con este pensador, aunque quien la lleva a término es el idealismo alemán (lo cual nos lleva al problema de Kant como iniciador de esta corriente pero no idealista) y constituye el eje teórico de la progresión filosófica Kant-Fichte-Schelling-Hegel, es decir, el corazón y el núcleo del idealismo.

Ahora bien, si queremos situar históricamente este fenómeno, lo que no implica reducirlo únicamente a esta dimensión, hay que señalar que, en definitiva, el carácter fundante de la subjetividad humana aparece en la historia moderna especialmente tras la Revolución Francesa, a partir de la cual se pone de manifiesto cómo el «nuevo orden del mundo» no reposa en su naturaleza, considerada de un modo presuntamente atemporal y estático, sino en lo que los hombres quieran (y puedan) hacer de él. El surgimiento de la subjetividad con este carácter fundante es una experiencia de la modernidad histórica, científica, productiva, como dirá Marx. Los hombres transforman realmente la naturaleza en los procesos productivos modernos (en la industria); la codifican, la reglamentan y la reproducen en la ciencia moderna, transfonnan históricamente los modos sociales dados, en las revoluciones sociales de esta época (recuérdese que estamos hablando de un período histórico, 1789-1850, en el que se suceden importantes movimientos sociales y políticos a un ritmo acelerado: Revolución Francesa, guerras de independencia, revolución de 1830, revolución de 1848-50, etc.). A su vez, podría plantearse en qué medida estos acontecimientos son resultado de la emergencia de un nuevo sujeto teórico y práctico (la propia burguesía como clase social), cuya aparición es resultado de acontecimientos históricos anteriores y de filosofías anteriores. Pero no es eso lo que me interesa aquí. Lo que quería señalar era solamente el horizonte histórico que enmarca la emergencia teórica de la subjetividad como característica de la filosofía de la modernidad, cuya teoría más depurada la ofrece el idealismo alemán. De hecho también en filósofos anteriores hay elementos para una teoría del sujeto, pero falta una teoría de la subjetividad elaborada con esta profundidad como teoría de la acción, a la que subyace a su vez una teoría del trabajo, entendido como autorrealización humana. A modo de ejemplo baste citar la identificación, sobradamente conocida por otra parte, que el joven Marx y Lukács hacen del trabajo (actividad productiva humana) con el espíritu hegeliano.

En segundo lugar, y desde el punto de vista terminológico, debo explicar en qué sentido es pertinente llamar marxista la perspectiva de este trabajo, o, lo que es lo mismo, fijar en qué medida me apropio de la «herencia de Marx» en él, pues mi objetivo no es atenerme escrupulosamente a lo dicho por Marx mismo ni encuadrarme en lo que la tradición marxista, codificada como tal, ha expuesto sobre estos temas, sino en cierta medida repensar el problema «a partir de Marx», juntamente a otras influencias. Creo que a finales del siglo xx, y tras casi cien años de la muerte de sus autores, es legítimo reivindicar un espacio teórico propio entre la «marxologia» y el «marxismo», espacio que pretenda reelaborar productivamente ciertos ejes centrales de esta doctrina, prescindiendo de presuntas ortodoxias.

En cuanto a la estructura del trabajo, voy a empezar por analizar el concepto de libertad, puesto que, conjugado con el de alienación, permite acceder en mejores condiciones al planteamiento del sujeto, que es en último término el objeto central de este texto.



* Este articulo recoge una exposición oral que tuvo lugar en el Departamento de Historia de la Filosofía de la Universidad Complutense los días 8, 15 y 22 de febrero de 1985 y que fue seguida de una interesante discusión, cuyos extremos han sido tenidos en cuenta al reelaborar el texto para su publicación. "Anales del Seminario de Historia de la Filosofía", V- 1985. Ed. Univ. Complutense. Madrid

jueves, 19 de enero de 2012

¿Comunismo sin crecimiento? - Wolfgang Harich

 
DUVE: Hace medio año, a principios de abril de 1974, quiso usted mantener una controversia pública con Arnold Gehlen y Rudolf Augstein. El tema: "Riesgos y posibilidades del futuro; la crisis ecológica como viraje histórico". La conversación no se llevó a efecto. La impidió seguramente la precipitación de la Radiodifusión alemana-occidental y la hipersensibilidad de la República Democrática Alemana. ¿Cómo es que un historiador marxista de la literatura se dedica a cuestiones de la crisis del crecimiento? ¿Y cuál es su punto de vista acerca de la exigencia de un freno global y diferenciado del proceso de "despliegue de las fuerzas productivas"?

HARICH: Mi interés por la ecología se remonta a 1948. Yo era entonces un estudiante de filosofía, rama germanística, y me ganaba al mismo tiempo la vida haciendo trabajo periodístico, como crítico. Entonces el SED, del que era yo militante, decidió incluir en los planes de estudios universitarios de la SBZ, la posterior República Democrática Alemana, ciclos de conferencias sobre filosofía marxista. Algunos camaradas versados en filosofía, entre los que me contaba, fuimos preparados para esta tarea en un curso de habilitación para la docencia en la Escuela Superior del partido. Seguidamente pasamos a ser encargados de curso; yo mismo, en la Facultad de Pedagogía [...] 

jueves, 1 de diciembre de 2011

MARX Y EL marxismo frente a la crisis - Diego Guerrero (2003)


 
 
**EN VÍSPERAS DEL DÍA MUNDIAL CONTRA LA GUERRA**

I. Introducción
En abril de 2000, los estudiantes de Económicas de Somosaguas (UCM) organizaron un Seminario de una semana de duración, con profesores españoles de diversas universidades, y en el que la asistencia e interés de la gente más joven fue proverbial, como estuvimos de acuerdo en valorar todos los ponentes. El título genérico del seminario se refería a la "Economía crítica", y contó con la asistencia de los profesores Alfons Barceló, Carlos Fernández Liria y Diego Guerrero (sesión sobre la Teoría del valor); los profesores Xabier Arrizabalo y Montserrat Galcerán y el miembro del CAES (Centro de Asesoría y Estudios Sindicales) Agustín Morán (sesión sobre el Desempleo); los profesores Enrique Palazuelos y Jesús Albarracín (sustituido por enfermedad por Diego Guerrero) y el editor Carlos Prieto del Campo (sesión sobre Teoría y realidades de la crisis económica); y los profesores Ahijado y Martínez González-Tablas junto a Pedro Montes y Ramón Fernández Durán (sobre la cuestión de España y la Unión Europea).
Para las dos sesiones en que participé escribí unas "tesis" polémicas, con el ánimo de provocar la discusión, que luego fueron publicadas en la revista Laberinto, de la Universidad de Málaga. Aunque la participación de hoy versa sólo sobre la Teoría de la crisis que parte de la concepción de Marx, teniendo en cuenta que ésta no se puede entender sin partir de la Teoría laboral del valor, creo que puede tener interés reproducir aquí las 20 "tesis originales", pero seguidas cada una de ellas de un comentario y actualización.
 
II. Diez tesis polémicas sobre la teoría laboral del valor: segunda (1) versión (2003)
<<1. La filosofía de Marx es su Economía; no es ni el materialismo dialéctico ni el materialismo histórico, que no son ni filosofía ni ciencia, sino su teoría laboral del valor (Martínez Marzoa, 1983; Arteta, 1993; Fernández Liria, 1998), única teoría científica del valor mercantil coherente --es decir, no ecléctica (véase qué entiendo por eclecticismo, en Guerrero, 1997)-- que existe hasta ahora. En Marx, esta teoría está incompleta, por lo que debe ser completada, y lo ha sido parcialmente desde su muerte, no siempre por parte de los marxistas, y a veces en contra de los marxistas.>>
Comentarios a la tesis 1.
a. No se trata de enfrentar filosofía y economía ni de hacer una reivindicación corporativa. Marx hablaba de los economistas en tercera persona, y en su época una cosa eran los "economistas" (a los que no dudó en calificar a veces de "sicofantes del capital") y otra los "socialistas" (en el sentido amplio de todos cuantos se oponía al estado de cosas capitalista: comunistas, anarquistas, etc.). La excepción fue el prólogo de Miseria de la Filosofía, donde protestó, "como economista", de que Proudhon tuviera buena reputación como economista en Alemania (y como filósofo en Francia): ambas cosas se basaban en un malentendido, según Marx.
b. Los llamados "materialismo histórico" y "materialismo dialéctico" es mejor entenderlos como un estadio de la filosofía y la concepción del mundo que Marx atacó. Al menos desde la Revolución Francesa, había habido ya un montón de autores –filósofos, historiadores, economistas... burgueses— capaces de hacer una interpretación materialista, de clase, conflictual, etc., de la nueva sociedad. A Marx eso no le bastaba, y casi toda su actividad intelectual la dedicó a distinguir las ideas y las categorías que fue creando de las que habían surgido en el contexto de la izquierda avanzada europea.
c. Marzoa supone un paso adelante muy importante. Dice: lo que Marx aporta es una "ontología del capitalismo", es decir, una concepción de "lo ente" en nuestra época como mercancía; si Marx dijo algo significativo y original en la historia del pensamiento filosófico fue en primer lugar que todo lo que existe, incluida la capacidad laboral activa de los individuos, es mercancía y debe, por tanto, someterse a las leyes de las mercancías en tanto perviva el régimen mercantil. La ley del valor (la base de la teoría laboral del valor, TLV) es toda la cadena conceptual que lleva desde este descubrimiento a la concreción múltiple y rica de esa idea en el conjunto de categorías específicas, "económicas", que se desarrollan en El capital (económicas, en el sentido de que el material en bruto a partir del cual él desarrolla la mayoría de sus conceptos fue aportado por los economistas anteriores a él).
d. En contra de lo que piensa la mayoría (incluida la mayoría de los marxistas), en la TLV de Marx no hay contradicciones. Lo que hay es una explicación en dos pasos: 1) los precios son proporcionales a las cantidades de trabajo si consideramos a las mercancías "sólo como mercancías" (libro I de El capital); 2) y se desvían por arriba o por debajo de los primeros ("precios directos", pd) si se considera a las mercancías como "mercancías que son ya el producto del capital" ("precios de producción", pp). Lo importante es que Marx fue el primero en explicar la relación entre los dos tipos de precios (o valores) de cada mercancía de tipo i:
ppi = xi · pdi,
donde xi es el cociente entre la composición orgánica del capital en el sector i y la composición orgánica media de la economía (2).

jueves, 24 de noviembre de 2011

DE CÓMO hablamos en marxista (sin citar a Marx) - Román Reyes




Porque definir es auto-limitarse, llamo aquí lenguaje ordinario a ese conjunto de proposiciones que describen con estable provisionalidad el sentir más inmediato en sus más variadas versiones: aquellas cosas de tanta importancia para uno, porque termina identificándose con su suma o través de ellas, aunque de poca o relativa importancia para el resto. Por eso, hablar en cristiano --es decir, en roman paladino --  sigue significando limitarse a las palabras de uso común y de discrecional aplicación. Hablar sobre lo que nos está permitido hacerlo y hablar paradógicamente asumiendo sin saberlo los referentes que legitiman el discurso del poder en su versión secularizada. El discurso de la calle no es otro que aquel corpus excluyente que organiza nuestro medio --y a nosotros en ese medio --  en función de intereses a respetar, a reconocer como interés de general y normalizante disfrute. Porque hasta el modelo de disfrute ha soportado, a su vez, una definición previa y excluyente, de difícil revisión.

Lenguaje de la calle, lenguaje conversacional. Lenguaje ordinario. Y un meta-lenguaje de la calle, un meta-lenguaje conversacional. Discurso de la Academia este segundo, lenguaje de la ciencia. Ahí está el solapamiento, la superposición. Y ahí está también la confusión. Ahí, sin embargo, es donde además se localiza la fuente de la crítica. 

La lógica del silencio supone, en consecuencia, hablar ocultando el referente. Pero hablar a su vez mostrando aquello-otro que circunvala, discurre en torno a ese referente que no se atreve a describir. Es tanto como dejar de hablar cuando las palabras hayan agotado su capacidad de remisión. O, en último extremo, tanto como guardar silencio ante lo innombrable. No sólo se guarda silencio ante el abandono, la opresión y la muerte. Aunque en este supuesto, quedarse mudo es el primer momento, el primer acto que activa la revuelta. 


1. PENSAR A MARX: LAS ESTRATEGIAS DE/PARA LA SIMULACION 

1.1 Nos hacemos imágenes de las cosas. Las imágenes configuran lo real. Las figuras que nos rodean son, pues, construcciones útiles. Sirven para organizar modelos micro/macro de equilibrios. Sirven también para organizar mi relación con el medio. El medio es una configuración, un plano consensuado para que en él emerja aquello que llamamos real. Y cuando hablamos de real nos referimos a los trabajos y los días, es decir, los acontecimientos históricos/historiables en los que están co-implicados sujeto y objeto de la relación, incluyendo en este objeto a otros sujetos con los que no se ha entrado en contacto, no se ha establecido una relación de complicidad. Con los que todavía-no se registra constancia de interacción, ni indicios siquiera de haberla existido. Y de la que ni siquiera aún se tiene certeza sobre una eventual posibilidad de establecerla. 

1.2 Nos hacemos imágenes de las cosas, sin que las cosas sean. Es decir, figurando su existencia en su materialidad y/o en su mostración en tanto que cosa para mí. Porque --a pesar de lo que el llamado pensamiento clásico haya sancionado --  no existe cosa alguna por-sí/para-sí, sin más. Entre otras razones, porque no se podría hablar de ellas, ni desde ellas. Nos hacemos, sin embargo, imágenes de las cosas sin que las cosas sean, porque figuramos atemporalmente, haciendo una abstracción, una traspolación -- ¿gratuíta? --  o una (retro)pro-yección a partir de otras cosas que generan nombres, cuyo conocimiento/uso demandan clasificación. Aunque esa figuración más allá del tiempo sea conscientemente selectiva. A esto se acostumbra a llamar función utópica. 

La función utópica tiene su origen en el orden de la fijación, en el reino de la quietud, en el plano de la intercambiabilidad, en la atemporalidad más negativa. Más allá del bien y del mal contingente, mundano. El hombre tiene/siente miedo a lo estable, si esta quietud conlleva cierre, determinación. El hombre es esa cosa indeterminada, indefinida por principio. La indeterminación supone constatar procesos, que el proyecto que uno mismo sea no ha terminado de encontrar su meta, o tope, o cierre que alguien le imponga. De ahí que ese contradictorio y discutido sujeto de la historia nunca se conforme con lo que tiene, con lo que se siente ser ni con lo que le digan que deba ser. El hombre es ese animal que, por suerte, no ha podido o no ha querido aprender a decir basta. A pesar de que tan insistente y sospechosamente se nos venga recomendando moderación. 

Y de ahí también el rechazo que algunos manifiestan ante cualquier forma de impresión o huella a través de la que algún otro se aventure a llamar por su nombre a las cosas. Por el nombre del interés, por supuesto, antes que por el nombre de su fluctuante consumo. Un no rotundo, por tanto, a la escritura, no menos rotundo que a la palabra. Un no rotundo a la imagen, si todo ello puede suponer para alguien acabamiento, término, clausura. 

martes, 22 de noviembre de 2011

IDEOLOGÍA y aparatos ideológicos del Estado - Louis Althusser




Introducción
En análisis anteriores nos hemos referido circunstancialmente a la necesidad de renovar los medios de producción para que la producción sea posible. Hoy centraremos nuestra exposición en este punto.
Decía Marx que aun un niño sabe que una formación social que no reproduzca las condiciones de producción al mismo tiempo que produce, no sobrevivirá siquiera un año. Por lo tanto, la condición final de la producción es la reproducción de las condiciones de producción. Puede ser “simple” (y se limita entonces a reproducir las anteriores condiciones de producción) o “ampliada” (en cuyo caso las extiende). Dejaremos esta última distinción a un lado.
¿Qué es pues la reproducción de las condiciones de producción?
Nos internamos aquí en un campo muy familiar (desde el tomo II de El Capital) pero, a la vez, singularmente ignorado. Las tenaces evidencias (evidencias ideológicas de tipo empirista) ofrecidas por el punto de vista de la mera producción e incluso de la simple práctica productiva (abstracta ella misma con respecto al proceso de producción) se incorporan de tal modo a nuestra conciencia cotidiana que es sumamente difícil, por no decir casi imposible, elevarse hasta el punto de vista de la reproducción. Sin embargo, cuando no se adopta tal punto de vista todo resulta abstracto y deformado (más que parcial), aun en el nivel de la producción y, con mayor razón todavía, en el de la simple práctica.
Intentaremos examinar las cosas metódicamente.
Para simplificar nuestra exposición, y considerando que toda formación social depende de un modo de producción dominante, podemos decir que el proceso de producción emplea las fuerzas productivas existentes en y bajo relaciones de producción definidas.
De donde resulta que, para existir, toda formación social, al mismo tiempo que produce y para poder producir, debe reproducir las condiciones de su producción. Debe, pues, reproducir:
1)      las fuerzas productivas
2)      las relaciones de producción existentes.

miércoles, 2 de noviembre de 2011

¿QUÉ ES la economía? - Rosa Luxemburgo (1912)


Rosa Luxemburg o Róża Luksemburg, más conocida por su nombre castellanizado Rosa Luxemburgo (Zamosc, Imperio ruso, 5 de marzo de 18711 – Berlín, Alemania, 15 de enero de 1919), fue una teórica marxista de origen judío. Militó activamente en el Partido Socialdemócrata de Alemania (SPD), hasta que en 1914 se opuso radicalmente a la participación de los socialdemócratas en la I Guerra Mundial, por considerarla un "enfrentamiento entre imperialistas". Integró entonces el grupo internacional que en 1916 se convirtió en Liga Espartaquista, grupo marxista que sería el origen del Partido Comunista de Alemania (KPD). Al terminar la guerra fundó el periódico La Bandera Roja, junto con el alemán Karl Liebknecht. Sus libros más conocidos, publicados en castellano, son Reforma o Revolución (1900), Huelga de masas, partido y sindicato (1906), La Acumulación del Capital (1913) y La revolución rusa (1918), en el cual critica constructivamente a la misma.

I

La economía es una ciencia muy particular. Los problemas y las controversias aparecen apenas se da el primer paso en esta rama del conocimiento, apenas se plantea la pregunta fundamental: de qué trata esta ciencia. El obrero común, que tiene sólo una idea muy vaga de qué es la economía, atribuirá su falta de conocimiento a una deficiencia en su educación general. Pero en cierto sentido comparte su perplejidad con muchos estudiosos y profesores eruditos, que escriben obras de muchos tomos sobre el tema de la economía y dictan cursos de economía a los estudiantes universitarios. Parece increíble, pero es cierto: la mayoría de los profesores de economía tienen una idea muy nebulosa del contenido real de su erudición.

Puesto que es común que estos profesores galardonados con títulos y honores académicos trabajen con definiciones, es decir, que traten de expresar la esencia de los fenómenos más complejos en unas cuantas frases prolijamente elaboradas, hagamos un experimento, tratemos de aprender de un representante de la economía burguesa oficial de qué trata esta ciencia. Consultemos en primer lugar al decano del mundo académico alemán, autor de una inmensa cantidad de mamotretos sobre economía, el fundador de la llamada escuela histórica de la economía. Wilhelm Roscher.74 En su primera gran obra, titulada Principios de economía política, manual y texto para hombres de negocios y estudiantes, publicada en 1854, pero que ha conocido desde entonces veintitrés ediciones, leemos en el capítulo 2, parágrafo 16: “Por ciencia de la economía nacional o política entendemos aquella ciencia que trata de las leyes del desarrollo de la economía de una nación, o de su vida económica nacional (filosofía de la historia de la economía política, según von Mangoldt). Al igual que todas las ciencias políticas, o ciencias de la vida nacional, estudia, por una parte, al hombre individual y por la otra extiende su campo de investigación al conjunto de la humanidad.” (p. 87.)

¿Comprenden ahora los “hombres de negocios y estudiantes” qué es la economía? Pues, la economía es la ciencia que estudia la vida económica. ¿Qué son los anteojos de carey? Anteojos con marco de carey, desde luego. ¿Qué es un asno de carga? Pues, ¡un asno con una carga sobre su lomo! En realidad, éste es un buen método para enseñarles a los niños el significado de las palabras más complejas. Es de lamentar, sin embargo, que si no se entiende el significado de las palabras de nada servirá que éstas se ordenen de tal o cual manera. [LEE EL TEXTO COMPLETO]




DOCUMENTAL SOBRE ROSA LUXEMBURGO