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lunes, 21 de mayo de 2012

12M / 15M Reload: vídeo de la mesa redonda.

El viernes 18 de Mayo se celebró una mesa redonda de análisis del 15M promovida por la comisión de Política y la Universidad Popular de la asamblea de Carabanchel y que tuvo lugar en el centro que tiene en la calle Anade Nº 10 (El Eko) en la que participaron :

  • Yayo Herrero, ecofeminista de Ecologistas en Acción
  • Raúl Sánchez Cedillo, de la Universidad Nómada y Atravesad*s por la cultura
  • Germán Cano, filósofo
  • Montserrat Galcerán, militante social, ensayista y profesora de Filosofía de la Universidad Complutense
Posteriormente  varias compañeras intervinieron, exponiendo su opinión o haciendo preguntas a las ponentes, creemos que fue muy educativo y constructivo.

Podéis tener acceso al streaming que se realizo en esta dirección:

http://bambuser.com/channel/asambleacarabanchel

Enlace corto para difundir en redes: http://linuca.org/link/?l15746

miércoles, 16 de mayo de 2012

12M15M Reload



Mesa redonda de análisis del 15M para el 18 de mayo

El Eko (Calle del Ánade, 10) <M> Oporto

La Asamblea de Carabanchel, su comisión de Políticas y la Universidad Popular de Carabanchel tienen el gusto de invitaros a la mesa redonda y debate que tendrá lugar en El Eko (calle del Ánade, 10) el viernes 18 de mayo a las 20:00 horas. Esta mesa redonda contará con cuatro expertos que han vivido muy de cerca todo lo acontecido en relación al movimiento 15M en su primer año de vida.

  • Yayo Herrero, ecofeminista de Ecologistas en Acción
  • Raúl Sánchez Cedillo, de la Universidad Nómada y Atravesad*s por la cultura
  • Germán Cano, filósofo
  • Montserrat Galcerán, militante social, ensayista y profesora de Filosofía de la Universidad Complutense

El acto, encuadrado dentro de las actividades con motivo del aniversario del 15M, pretende valorar, criticar y considerar el futuro del movimiento.


Ver mapa más grande

martes, 15 de mayo de 2012

"Desde el pensamiento ecofeminista anticapitalista se defiende que el sistema socioeconómico toma la forma de un iceberg" - Entrevista a Yayo Herrero

http://www.catalunyaoberta.cat/statics/images/feminisme1%5B1%5D.jpg

30/11/2011
En los paises francofonos no existe mucha literatura sobre el écofeminismo y la poco que existe es el ecofeminismo espiritualista y por otro lado, incluso en los sectores écologista radicales, se mira con mucha desconfianza la corriente ecofeminista y el ecofeminismo. Ven en este incipiente movimiento una vuelta mistica a la tierra por un lado y por otro no comparten la idea que por el simple hecho de ser mujer hay una relación más directa y diferente a la naturaleza.
Para aclararnos un poco, nos hemos entrevistado con Yayo Herrero, profesora dela Universidad Nacional de Educación a Distancia Y co-coordinadora de Ecologistas en Acción.

P. Qué es el ecofeminismo y cual es su historia ?

El ecofeminismo es un movimiento amplio de mujeres que nace de la conciencia de este doble sometimiento, y de la creencia en que las luchas contra ambos, el ecologismo y el feminismo, contienen las claves de la dignidad humana y de la sostenibilidad en equidad.

Los movimientos de defensa de la tierra han tenido y tienen entre sus activistas a muchas mujeres. Es conocido el protagonismo de mujeres en el movimiento Chipko en defensa de los bosques, en el movimiento contra las presas del río Narmada en India, en la lucha contra los residuos tóxicos del Love Canal, origen del movimiento por la justicia ambiental en EEUU, como también lo es su presencia en movimientos locales de defensa de terrenos comunales, en las luchas por el espacio público urbano o por la salubridad de los alimentos. En el caso de muchas mujeres pobres, su ecologismo es el ecologismo de quienes dependen directamente de un ambiente protegido para poder vivir.


A mediados del siglo pasado el primer ecofeminismo discutió las jerarquías que establece el pensamiento occidental, revalorizando los términos de la dicotomía antes despreciados: mujer y naturaleza. La cultura protagonizada por los hombres ha desencadenado guerras genocidas, devastamiento y envenenamiento de territorios, gobiernos despóticos. Las primeras ecofeministas denunciaron los efectos de la tecnociencia en la salud de las mujeres y se enfrentaron al militarismo y a la degradación ambiental, comprendiendo estos como manifestaciones de una cultura sexista. Petra Kelly es una de sus representantes.

lunes, 14 de mayo de 2012

Los arrebatos “justicieros” del poder político - Montserrat Galcerán

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07-07-2010

Dicen algunos filósofos que un reparto es “justo” cuando, si se hubiera hecho de otra forma, el peor parado no hubiera salido peor. Apliquémoslo al actual reparto de los costes de la crisis, ¿a nadie se le ocurre ninguna otra forma de repartirla en la que los peor parados no hubieran salido peor? A mí se me ocurren varias: que los autores de los desmanes financieros indemnizaran a la sociedad; que promediáramos los sueldos, incluidos los de los políticos; que introdujéramos una renta básica y algunos otros. Pero para ello hace falta cambiar no sólo el concepto de justicia sino la concepción del Estado protector del “bien común”.

La lógica del Estado de Derecho parte del supuesto de que ciudadanos individuales ceden la salvaguardia de sus derechos civiles a los poderes del Estado. No contempla la existencia de situaciones compartidas que favorecen el que los ciudadanos se asocien configurando fuerzas sociales, a no ser en el caso de las asociaciones empresariales o en los partidos políticos. Pero la realidad indica que este individualismo no es más que el mascarón de proa de un proceso de desarticulación de las fuerzas colectivas o de dominación, que sufrimos por parte de grupos o colectivos más poderosos. El que éstos sean anónimos, como por ejemplo los mal llamados “mercados financieros”, no implica que no operen como poderes colectivos integrados por una pléyade de agencias y empresas con un gran poder.

Para ilustrar esa complejidad, tomemos como ejemplo la huelga del metro de Madrid. El convenio en vigor, pactado en junio de 2009, contemplaba un aumento de unos 109 euros (primas incluidas). Para 2010 se preveía una subida semejante. De aplicarse el arrebato justiciero de la Comunidad de Madrid, que es al tiempo la empresa, el convenio se rompería unilateralmente por decisión empresarial-política. ¿Cabe mayor ejercicio de despotismo político-económico?

Me pregunto qué habría ocurrido si los trabajadores hubieran ampliado unilateralmente sus vacaciones porque les resultan demasiado cortas. Si los trabajadores no pueden (ni deben) romper los acuerdos ¿por qué puede romperlos la parte empresarial, aún siendo a la vez la representación política de los ciudadanos de la Comunidad?, ¿le hemos dado algún poder especial a la Sra. presidenta para que sancione a los trabajadores bajo el ardid de que pretende defendernos?, ¿compartimos acaso su concepción sesgada de lo que es justicia?

Este ejemplo sirve para mostrar lo peligroso de tratarnos como individuos aislados, súbditos de un poder que sedicentemente mira por nuestro bienestar; no somos particulares perdidas en una masa amorfa, sino que estamos integradas en colectivos con capacidad de negociación, cuyos acuerdos deben valer como “normas de obligado cumplimiento”. Especialmente cuando son acuerdos tomados en un proceso público de negociación cuyas formas democráticas permiten la participación de los implicados.

Y esto es importante. Porque el objetivo de las luchas y conflictos que se avecinan no debería ser sólo el de mantener el nivel de los ingresos –con todo lo importante que es esta cuestión– sino construir una capacidad colectiva que nos permita hacer respetar la legalidad de los acuerdos y el mantenimiento de los derechos sociales.

El “interés común” incluye los derechos individuales y sociales de las personas, derechos conquistados en el pasado, incluye el respeto a las libertades individuales e incluye el respeto a los acuerdos negociados. Un poder político que comete ilegalidades, aunque las considere “justas”, es un atentado contra los ciudadanos y en ningún caso una salvaguardia del “bienestar común”, más bien una amenaza.

sábado, 12 de mayo de 2012

Hacia nuevas creaciones políticas. Movimientos, instituciones, nueva militancia - Raúl Sánchez Cedillo (2007)

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Un conjunto de síntomas recurrentes nos obliga, de nuevo, a imaginar, recordar, proyectar y construir instituciones. Las fechas que señalan los acontecimientos pueden servirnos de brújula para entender el carácter de necesidad que presenta la cuestión de la creación institucional, en particular en el espacio político europeo: el 1 de enero de 1994, cuando el EZLN se levantó en armas contra el gobierno mexicano y contra el poder neoliberal en el mundo. Son ya más de 13 años los que han pasado desde aquel acontecimiento decisivo para la salida de los que Félix Guattari denominara «años de invierno». Más cercanas en el tiempo están las jornadas de Génova, los 20-22 de julio de 2001, que sin duda marcaron un punto de inflexión en la capacidad de creación política del llamado movimiento de movimientos. La declaración de guerra al movimiento por parte del G8 (vía el gobierno Berlusconi) y, en el mismo año, la instalación del régimen de guerra global tras los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York, pusieron punto y final al espacio político democrático que el movimiento global estaba construyendo y que tuvo en Seattle, el 30 de noviembre de 1999, su acontecimiento fundador. Como sabemos, el movimiento contra la guerra en Irak fue calificado por el New York Times, como la «segunda potencia mundial», pero esta vez se trataba de la potencia de la opinión pública, de un nuevo polo de influencia en las «democracias de opinión», es decir, de una potencia domesticada, neutralizada. Han pasado seis años desde entonces, y el espacio político in nuce que prefiguraban los movimientos, y que hasta ahora tan sólo experiencias como el Euromayday han conseguido mantener abierto, parece cerrarse a pasos agigantados, sobre todo desde que, paradójicamente, el rechazo del TCE por parte de las y los votantes en Francia y Holanda reforzase el carácter no democrático, puramente confederal e intergubernamental, de la construcción europea, Sarkozy docet.
Así, pues, impotencia política, debilidad organizativa y disipación de la subjetividad o, dicho de otra manera, crisis de la producción de subjetividad, de su consistencia y de su autoorganización. Tales parecen ser los rasgos centrales de la crisis de la forma movimiento en el territorio europeo, lo que se traduce en buena medida en su incapacidad, en primer lugar, para construir batallas locales y regionales que expresen relaciones de fuerza, en particular en el terreno de la precarización de la renta y de los derechos sociales, y en términos generales en la lucha contra una governance íntimanente ligada a la movilización general productiva, al workfare y al warfare que informa hoy las «políticas sociales» y las relaciones laborales en el continente cuyo centro de gravedad es la Unión europea. Éste es el drama de las expresiones políticas que ven en la experiencia de la precariedad un foco de subjetivación política general y un terreno de reinvención de la lucha de clases adecuada a la hegemonía de lo que se ha venido denominando «capitalismo cognitivo». Pero en segundo lugar se traduce en el empobrecimiento tendencial de la creación política y de sus dimensiones de enunciación (discursiva-significante, poética, tecnomaquínica, institucional). No creo que suponga una exageración la siguiente afirmación: las promesas y los primeros ensayos de fauve renouveau han cedido el protagonismo, hasta nueva orden, al sentido común populista y conformista, así como a su opuesto simétrico, el sectarismo ideológico presa del delirio de binarización total, rasgos ambos de una vieja política de la «resistencia» y de las «amplias alianzas», vieja ferralla de la época del socialismo como (poder de) gestión alternativa de la relación de capital. Un corte transversal de las distintas «familias» o polaridades que compusieron el «movimiento de movimientos» en Europa puede confirmarnos, con extraordinarias excepciones, esta situación difícil de confesar y de plantear como problema público.
Con arreglo a este breve apunte de «coyuntura», ¿qué utilidad, o qué fuerza heurística puede ofrecernos la temática de las instituciones, de su creación y/o destitución? No poca, sobre todo si somos capaces de circunscribir problemas concretos en situaciones concretas y actuales, al mismo tiempo que enmarcamos y contextualizamos el inmenso acervo de la crítica y de la teoría de las instituciones en la coyuntura presente, marcada por la neutralización de la potencia constituyente de los movimientos de lucha, y en un medio en el que la vida es tan política como productiva, de tal suerte que sólo formalmente podemos establecer distinciones entre la politización de la existencia de individuos y colectivos y las matrices de nueva potencia productiva (fuera de y/o contra el valor-medida), o bien, desde el punto de vista de la capacidad de captura y control de las singularidades cooperantes, las tecnologías y dispositivos del biopoder en red sólo pueden determinar secuencias de valor económico con arreglo a una relación social entre sujetos, entre individuos creativos, capaces de afectarse unos a otros, de ejercer un poder (y por ende una modificación de su actitud) de unos sobre otros, con arreglo a relaciones móviles y dentro de una abertura espacio temporal, la del mercado generalizado de las formas de vida, que es también la dimensión, decisiva, del proyecto, en el que todas las competencias del sujeto deben concatenarse para realizar, en la finitud del espacio y del tiempo, los objetivos de autovalorización de sí mismo. En este sentido, la forma individuo resulta tan esencial para esta ontología neoliberal de la producción y del gobierno como su riqueza de relaciones, interacciones, experiencias, etc. Cabe plantear la hipótesis de que, para este individuo productivo, el régimen de guerra en tanto que elemento de su mundo de la vida funciona, dentro de determinados parámetros de estabilidad de su vida, como un cúmulo de riesgos e incertidumbres, de déficit de información, de miedo y esperanza, ciertamente, pero también como un acicate para su rendimiento en la red de la movilización total productiva, como una constante confirmación de la finitud y  la fragilidad de su proyecto de sí mismo.

Los espectros del 15-M - Germán Cano

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El veredicto se ha pronunciado: el 15-M necesita mejorar, no progresa adecuadamente. Insuficientemente socialdemócrata, insuficientemente revolucionario, insuficientemente liberal, el movimiento parece ser un niño siempre en falta. Esta impaciencia es compartida tanto por la derecha como por parte de la izquierda, aunque por diferentes razones. Allí donde el evangelio neoliberal, asentado en el supuesto fin de la historia, observa una mera protesta afectiva, una suerte de grito impotente frente a una realidad estructuralmente correcta, el discurso supuestamente revolucionario se impacienta por unos ensayos que se demoran en un experimentalismo estéril sin conducir a ninguna meta. En el fondo, para ambas posiciones críticas, el 15-M se definiría por ser una negatividad condenada a la frustración al ser incapaz de articularse en guión histórico alguno: una indignación sin gramática, mero contenido sin forma, un acontecimiento simplemente emocional, que diría Zygmunt Bauman.
El debate sobre la mayoría o minoría de edad política del 15-M, su supuesta madurez o infantilismo, ha sido recurrente en este último año. Sin embargo, ¿hasta qué punto se pierde en él lo más importante: el análisis de lo ocurrido, una clarificación de su dimensión utópica justo en su lenguaje más concreto? En este punto es donde a veces se tiene la sensación de que una excesiva carga melancólica respecto a los viejos ideales perdidos o una fatal fascinación por el “fin de la historia” impiden acercarse de forma más desprejuiciada al fenómeno.
En realidad, pocas veces en los últimos tiempos se ha manifestado de forma tan rotunda la dimensión “espectral” de un fenómeno político como con ocasión del 15-M. Tan pronto apareció el fantasma, los medios y la clase política no tardaron en mostrar su perplejidad y reaccionar con cómodas categorías a aquello que estaba ocurriendo. Pero cuanto más se resistía el incipiente “movimiento” a utilizar las viejas consignas, más incertidumbre y ansiedad se generaban en el campo social ya estructurado. 
Sintomática fue la reacción histérica de algunos grupos de presión que, ante su falta de definición y programa, no tardaron en proyectar sintomáticamente sus miedos y angustias más profundos (“Tercera República”, “chusma juvenil”, “rebelión de esclavos adocenados”, “populismo demagógico”, “resentimiento de masas”) sobre el nuevo campo de fuerzas que se abría. Desde este ángulo resulta muy interesante estudiar la lista de espectros del 15-M como proyección de diferentes imaginarios sociales ligados a una larga represión de la discusión política. A través de ellos, muchas coordenadas ideológicas hasta ahora “durmientes” quedaron retratadas con una claridad hasta ahora insospechada. Este carácter espectral del 15-M sirvió en Madrid y Barcelona como un catalizador susceptible de desnudar y llevar a la superficie actos reflejos cercanos al autoritarismo que permanecían latentes.  

viernes, 4 de mayo de 2012

La política paralizada por el miedo - Germán Cano

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El País, 13 de mayo de 2011

Existe una crisis de la indignación? Con ocasión de la publicación del pequeño ensayo ¡Indignaos!, del antiguo miembro de la Resistencia francesa, Stéphane Hessel, todo un best seller en su país, algunos medios de comunicación nacionales han reflexionado sobre la presunta atonía de la sociedad española. Sin embargo, al margen de la comparación, la pregunta apunta a un problema aún más acuciante: ¿ha perdido la izquierda, en detrimento de la derecha, su capacidad de movilizar la fuerza de la indignación, ese elemento necesario del compromiso ciudadano?

A la vista de esta cuestión, ciertos acontecimientos como el resurgir de la ultraderecha en toda Europa, la movilización del Tea Party en Estados Unidos o las altas expectativas electorales creadas por Marine Le Pen en las últimas elecciones cantonales francesas revelan un inquietante fenómeno: parece como si en momentos de crisis solo la derecha tuviera la capacidad de canalizar la afectividad política, mientras que la izquierda solo supiera administrar.

¿Por qué cada vez más ocurren rebeliones y protestas violentas carentes de todo mensaje ideológico y basadas en un vago resentimiento? Posiblemente, porque hoy, en nuestro marco pospolítico y posideológico, la indignación no acierta a invertir sus movimientos reflejos en un marco narrativo inteligible. Al carecer de una cartografía cognitiva, la cólera explota en un acto políticamente sin sentido, tan ciego que atenta a veces incluso contra su propio perpetrador.

Es aquí donde, salvando ciertas distancias, resulta pertinente volver la mirada a ese singular laboratorio de crisis que fue la República de Weimar. De ese escenario, en el que Hitler supo sacar ventaja buscando chivos expiatorios, actualmente el neopopulismo derechista extrae sus oportunistas lecciones. Una de ellas es no temer caer en flagrantes incoherencias con tal de jugar en todos los tableros. No en vano Jean-Marie Le Pen se definía como un político que se encontraba "socialmente a la izquierda, económicamente a la derecha y, siempre, con Francia en el centro de sus pensamientos".

lunes, 30 de abril de 2012

Reducir la esfera material no es una opción... - Yayo Herrero


Intervención en el Centro Social Okupado EKO de Carabanchel (Madrid)
Transcripción realizada por Patricia Rivas


Buenas tardes a todas y a todos.

Os agradezco mucho que me deis la oportunidad de compartir reflexiones en esta asamblea. 

Sobre todo, lo que querría es, que a partir de la conceptualización de producción y crecimiento que tenemos hoy y que condiciona la propia noción de trabajo, tratemos de buscar una vía alternativa a estas categorías e intentemos visibilizar también algunas líneas de transformación y de cambio.

Los seres humanos presentamos dos tipos de dependencias o constricciones que modelan nuestra propia esencia humana. La primera de ellas es la dependencia de la naturaleza. Somos parte de la naturaleza. Respiramos, nos alimentamos, excretamos y somos en la naturaleza.

Pero además, somos seres radicalmente dependientes de otras personas. Vivimos encarnados en cuerpos vulnerables, sexuados, que envejecen, enferman y mueren. No es viable la vida humana en soledad. Por tanto somos seres sociales en la naturaleza.

Paradójicamente, las sociedades capitalistas han declarado la guerra a la naturaleza y a los cuerpos de las personas. 

Desvelar la naturaleza mítica de esta “irracionalidad” capitalista es fundamental para recomponer un conocimiento que tenga utilidad social a la hora de reorientar la economía y la sociedad. Algunas visiones heterodoxas de la economía, como son las economías ecológica y feminista pueden aportar mucho en esta tarea desmitificadora.

Tal y como cuenta Naredo en La economía en Evolución, la primera vez que se habla de sistema económico y de economía como disciplina fue en el siglo XVIII, con el nacimiento de la escuela de los economistas fisiócratas. Fueron estos economistas franceses los que instalaron las nociones de producción, consumo y crecimiento como piezas constitutivas del sistema económico.

Para los fisiócratas la producción era aquello que la naturaleza podía regenerar con ayuda de trabajo humano. Un ejemplo sería el de la agricultura. Una semilla de cualquier planta depositada en el suelo por una campesina, la naturaleza (la luz del sol, las sales minerales en un suelo fértil y la fotosíntesis), más el trabajo humano que va cuidando de ese cultivo, da lugar a una planta en la que la potencialidad germinativa de esa semilla se multiplica en un montón de frutos. 

La pesca para los fisiócratas, mientras no fuera una pesca extractiva y se respetasen los ritmos de regeneración de l os bancos de peces, era también una producción. La naturaleza acrecentaba los peces en los caladeros y el trabajo humano extraía con prudencia para no destruir la capacidad de regeneración. Ellos también consideraron que que la minería era producción porque en aquel momento, tal y como postulaba Linneo, se pensaba que los materiales de la corteza terrestre estaba sujetos a procesos de crecimiento y regeneración.
 
Los fisiócratas definían la producción como la capacidad de acrecentar las riquezas renacientes sin menoscabar los bienes fondo, es decir, sin destruir la dinámica natural que permite la reproducción. Ellos entendían que el crecimiento económico era posible mientras perviviese esa noción de producción organicista, mientras no se alterase la capacidad reproductiva de la naturaleza.

Los economistas clásicos, unos años más tarde, sitúan el trabajo humano como el principal motor de la riqueza, pero siguen concediendo una enorme importancia a la Tierra como factor de producción. Sin embargo, en ese momento, los conocimientos sobre geología desvelan que los minerales de la Tierra no crecen, que las piedras no se reproducen y que, por tanto, todos los materiales que alberga la corteza terrestre existen en una cantidad limitada y finita. Tanto Marx como Stuart Mill, pertenecientes a la escuela clásica, reconocen que el crecimiento de la esfera material de la economía apuntaría forzosamente un horizonte estacionario. No podía crecer ilimitadamente. Llegaría un momento en que se toparía con los límites físicos.

Sin embargo, cuando se produce un cambio radical en las nociones de producción y de sistema económico es cuando irrumpe el paradigma neoclásico de la economía, el que tenemos hoy vigente y que constituye el sostén teórico del capitalismo.

viernes, 27 de abril de 2012

Sujeto, libertad y alienación en una perspectiva «marxista» - Montserrat Galcerán Huguet

 
A modo de preámbulo, y antes de entrar en materia, quiero referirme a dos cuestiones previas, una de tipo histórico y otra de índole metodológica. En primer lugar, y en lo que respecta a por qué iniciar con Kant y no con cualquier otro pensador anterior o posterior a él, esta reflexión sobre el problema del sujeto, o mejor dicho, a propósito del ser concebido como sujeto, hay que decir que, en mi opinión, la tematización del sujeto como categoría ontológica fundante empieza realmente con este pensador, aunque quien la lleva a término es el idealismo alemán (lo cual nos lleva al problema de Kant como iniciador de esta corriente pero no idealista) y constituye el eje teórico de la progresión filosófica Kant-Fichte-Schelling-Hegel, es decir, el corazón y el núcleo del idealismo.

Ahora bien, si queremos situar históricamente este fenómeno, lo que no implica reducirlo únicamente a esta dimensión, hay que señalar que, en definitiva, el carácter fundante de la subjetividad humana aparece en la historia moderna especialmente tras la Revolución Francesa, a partir de la cual se pone de manifiesto cómo el «nuevo orden del mundo» no reposa en su naturaleza, considerada de un modo presuntamente atemporal y estático, sino en lo que los hombres quieran (y puedan) hacer de él. El surgimiento de la subjetividad con este carácter fundante es una experiencia de la modernidad histórica, científica, productiva, como dirá Marx. Los hombres transforman realmente la naturaleza en los procesos productivos modernos (en la industria); la codifican, la reglamentan y la reproducen en la ciencia moderna, transfonnan históricamente los modos sociales dados, en las revoluciones sociales de esta época (recuérdese que estamos hablando de un período histórico, 1789-1850, en el que se suceden importantes movimientos sociales y políticos a un ritmo acelerado: Revolución Francesa, guerras de independencia, revolución de 1830, revolución de 1848-50, etc.). A su vez, podría plantearse en qué medida estos acontecimientos son resultado de la emergencia de un nuevo sujeto teórico y práctico (la propia burguesía como clase social), cuya aparición es resultado de acontecimientos históricos anteriores y de filosofías anteriores. Pero no es eso lo que me interesa aquí. Lo que quería señalar era solamente el horizonte histórico que enmarca la emergencia teórica de la subjetividad como característica de la filosofía de la modernidad, cuya teoría más depurada la ofrece el idealismo alemán. De hecho también en filósofos anteriores hay elementos para una teoría del sujeto, pero falta una teoría de la subjetividad elaborada con esta profundidad como teoría de la acción, a la que subyace a su vez una teoría del trabajo, entendido como autorrealización humana. A modo de ejemplo baste citar la identificación, sobradamente conocida por otra parte, que el joven Marx y Lukács hacen del trabajo (actividad productiva humana) con el espíritu hegeliano.

En segundo lugar, y desde el punto de vista terminológico, debo explicar en qué sentido es pertinente llamar marxista la perspectiva de este trabajo, o, lo que es lo mismo, fijar en qué medida me apropio de la «herencia de Marx» en él, pues mi objetivo no es atenerme escrupulosamente a lo dicho por Marx mismo ni encuadrarme en lo que la tradición marxista, codificada como tal, ha expuesto sobre estos temas, sino en cierta medida repensar el problema «a partir de Marx», juntamente a otras influencias. Creo que a finales del siglo xx, y tras casi cien años de la muerte de sus autores, es legítimo reivindicar un espacio teórico propio entre la «marxologia» y el «marxismo», espacio que pretenda reelaborar productivamente ciertos ejes centrales de esta doctrina, prescindiendo de presuntas ortodoxias.

En cuanto a la estructura del trabajo, voy a empezar por analizar el concepto de libertad, puesto que, conjugado con el de alienación, permite acceder en mejores condiciones al planteamiento del sujeto, que es en último término el objeto central de este texto.



* Este articulo recoge una exposición oral que tuvo lugar en el Departamento de Historia de la Filosofía de la Universidad Complutense los días 8, 15 y 22 de febrero de 1985 y que fue seguida de una interesante discusión, cuyos extremos han sido tenidos en cuenta al reelaborar el texto para su publicación. "Anales del Seminario de Historia de la Filosofía", V- 1985. Ed. Univ. Complutense. Madrid

"Vivir bajo el imperativo de gozar sin trabas genera infelicidad por no gozar lo suficiente" - Entrevista con Germán Cano


"La sociedad contemporánea se acompaña perfectamente con la necesidad demagógica de líderes o caudillos", dice Germán Cano, profesor titular de Filosofía Contemporánea en la Universidad de Alcalá de Henares, en Madrid. En su recién publicado "Adoquines bajo la playa. Escenografías biopolíticas del 68" (ediciones Grama), este especialista en nuevas subjetividades y políticas de masa, reflexiona sobre las herencias deseadas e indeseadas del mayo francés, el hedonismo y el individualismo y el lugar del psicoanálisis lacaniano en el mundo actual. Esta es la conversación que mantuvo con Ñ digital.

-Usted plantea de entrada una diferencia entre la actitud de las organizaciones guerrilleras que buscaban tomar el poder (Brigadas Rojas, la Fracción del Ejército Rojo alemán, los Tupamaros, el ERP y los Montoneros argentinos) y la posición de la sublevación parisina durante mayo del 68, donde la distancia irónica de los actores desnudaría la naturaleza misma de poder como una ficción.

-En la formulación de la pregunta está eso que trato de distinguir con mayor o menor fortuna: la diferencia entre 'tomar el poder', es decir, abrazar una posición revolucionaria impositiva y en esa medida, violenta, insensible al campo de fuerzas en el que toda voluntad de antemano se encuentra inserta; y el gesto de exposición, de vulnerabilidad asumida que tuvo lugar en muchos de los fenómenos significativos del mayo francés. Sobre la dualidad imposición-exposición y sus consecuencias políticas y subjetivas gira el ensayo. De ahí que a la luz de este doble gesto interrogue a algunos de los protagonistas del 68.

-¿Podría explayarse?

-La foto de (Daniel) Cohn-Bendit con la que arranca el libro se me antojaba muy sugerente para analizar los procesos de subjetivación y los distintos 'desnudamientos' del poder que allí tuvieron lugar. En este sentido, no considero que el terrorismo fuera una consecuencia necesaria e inevitable del proceso de politización del mayo sino más bien una de sus perversiones. No olvidemos que esta célebre instantánea sirve además para ilustrar otra distinción muy presente en esta investigación: la dicotomía 'política-policía' que ha desarrollado Jacques Rancière para ahondar en la conformación de un proceso de emancipación.

El 15M como insurrección del cuerpo-máquina - Raúl Sánchez Cedillo



Cuando escribimos el presente texto, han pasado más de seis meses desde la irrupción del 15 de mayo de 2011. Desde entonces, el 15M ha vivido lo suficiente para que quepa advertir sus efectos en el sistema político y ha desplegado lo bastante sus capacidades para que podamos reconsiderar las hipótesis que al respecto podíamos elaborar hace unos meses, a saber: ¿es un movimiento capaz de refundar la democracia y de qué modo? Dicho de otra manera: ¿hasta qué punto y bajo qué condiciones es o puede devenir un movimiento constituyente, un poder constituyente (y por ende, es portador de novedad e invención radicales)? O dicho aún de otra manera: ¿hasta qué punto es portador de un proyecto nuevo de revolución (como forma del poder constituyente) y cuáles son las características determinantes de su tempo y proceso revolucionarios? Asimismo, una última e importante cuestión: ¿es una excepción sin modelo, o bien cabe pensar, mutatis mutandis, en una reproducibilidad-traducibilidad en otros contextos continentales y globales?

Por otra parte, a las primaveras árabes de 2011 y a la ocupación de la Plaza Síntagma de Atenas han sucedido en otras ciudades del mundo irrupciones muy similares –fundamentalmente, la iniciada por "Occupy Wall Street" en los USA desde el 17 de septiembre de 2011– que a estas alturas nos permiten hablar de variantes o, más bien, de una variación continua de un prototipo global. Ahora bien, ¿un prototipo de qué?

Podemos afirmar que el 15M, como las primaveras árabes, es un movimiento de revolución democrática, radicalmente (inventor) de democracia y de democratización radical. Pero ante todo el 15M es un proceso de politización masiva de multitudes, de reapropiación de lo político por parte de cientos de miles de personas y, hasta cierto punto, de millones. No es un movimiento de opinión pública, ni de derechos civiles. Incluye estas dimensiones en lo que llamamos un proceso de movimiento-sistema-red.

Si hace unos meses podíamos atrevernos a plantear la hipótesis de que el 15M expresaba, in nuce, un prototipo de poder constituyente, hoy creemos que esa hipótesis encuentra aún más asideros en la fenomenología del movimiento. Téngase en cuenta que hablamos de poder constituyente, esto es, no de «movimiento social», de «sociedad civil», «opinión pública», «acción colectiva», etc. Sino de una multitud que se organiza y se conduce para la fundación de un orden político nuevo que invalida y destituye el vigente. En este sentido, podemos sostener que el 15M es un prototipo de un poder constituyente adecuado a la multitud contemporánea. Se trata, sin duda de un work in progress, de una invención radical, de un proceso abierto y discontinuo y en gran medida solo incipiente. 

¿Por qué decimos «adecuado a la multitud contemporánea»? Pensamos, en efecto, que con el surgimiento del 15M se han puesto en práctica problematizaciones y líneas de fuga radicales respecto a buena parte de las aporías que acechan a la autoconstitución de una multitud capaz de autogobernarse. Nos referimos a las relaciones entre unidad y diferencia política; al problema de la decisión (¿quién, cómo, cuándo?); a la construcción del consenso entre una multiplicidad cualquiera de singularidades; a las relaciones entre alteridad e identidad, tanto en lo que atañe a la definición del amigo y el enemigo políticos como a las funciones de control que la identidad juega en el proceso; al problema de la fuerza y la legalidad y al problema de la ruptura política de la obediencia constitucional.