Mostrando entradas con la etiqueta Huelga General. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Huelga General. Mostrar todas las entradas

jueves, 20 de diciembre de 2012

Las huelgas que cuentan que ganamos - Miguel Amorós (2008)

 

Las victorias sobre los bárbaros reclaman himnos, las victorias sobre los griegos, lamentos.
 (Gorgias)

¿Las huelgas generales que han sucedido desde aquel socorrido 14-D en España y en toda Europa hasta el diciembre francés del 95, forman parte de una revuelta contra la mundialización o son la prueba palmaria de la evaporación -virtualización diríamos ahora- de la lucha de clases? Antes de responder a la pregunta señalaríamos un hecho que nos llama la atención: la total normalidad del día siguiente. Pareció con las huelgas como con las meigas, que ya no se las ve por ningún sitio pero, de haberlas habido, húbolas.

Ni discusiones, ni nuevos procesos organizativos, ni luchas que las prolonguen, que muestren una progresión en la conciencia de sus protagonistas. Por eso, nos inclinamos a pensar que no son verdaderas huelgas, o bien que han acabado no siéndolo, que ya no ocurren huelgas auténticas, de las de antes. La pregunta es otra: ¿Cómo pueden existir huelgas obreras en la actualidad si la clase obrera no existe, si los obreros no existen en tanto que clase social específica? Quienes tratan de explicar el presente con conceptos solamente aplicables a la realidad anterior militan por la confusión y benefician al mantenimiento del orden. Alguien se acordará de los modos espontáneos y autónomos de los movimientos de base, de algún radicalismo, de alguna asamblea… pero todo ello carece de importancia, permanece en el terreno laboral, en el coto de los sindicatos, necesariamente se autolimita y entra en competencia desigual con ellos hasta degenerar en otro sindicato más o desaparecer. La ilusión de un movimiento obrero de verdad, al margen de las centrales sindicales, ya sólo son capaces de crearla las propias centrales, en tanto que maniobra de diversión específica y nada infrecuente. Hoy en día, la condición de asalariado es general y, en ese sentido, casi todo el mundo es obrero, explotado, dirigido, desposeído o contaminado, pero eso no significa que forme parte de un sujeto histórico o de una clase, que tenga una predisposición particular a la revolución, una misión histórica determinada o un destino. Sólo es uno de esos que «puede votar, pero no elegir», al decir de J. Estefanía (alto ejecutivo de El País). Queda, eso sí, una clase residual, ligada a la antigua producción industrial, es decir, al periodo capitalista precedente, en franco proceso de jubilación. Esa que todavía nos enseñan en los patéticos desfiles del Primero de Mayo cantando La Internacional. En fin, una antigualla de antes de la mundialización.

lunes, 30 de abril de 2012

Reducir la esfera material no es una opción... - Yayo Herrero


Intervención en el Centro Social Okupado EKO de Carabanchel (Madrid)
Transcripción realizada por Patricia Rivas


Buenas tardes a todas y a todos.

Os agradezco mucho que me deis la oportunidad de compartir reflexiones en esta asamblea. 

Sobre todo, lo que querría es, que a partir de la conceptualización de producción y crecimiento que tenemos hoy y que condiciona la propia noción de trabajo, tratemos de buscar una vía alternativa a estas categorías e intentemos visibilizar también algunas líneas de transformación y de cambio.

Los seres humanos presentamos dos tipos de dependencias o constricciones que modelan nuestra propia esencia humana. La primera de ellas es la dependencia de la naturaleza. Somos parte de la naturaleza. Respiramos, nos alimentamos, excretamos y somos en la naturaleza.

Pero además, somos seres radicalmente dependientes de otras personas. Vivimos encarnados en cuerpos vulnerables, sexuados, que envejecen, enferman y mueren. No es viable la vida humana en soledad. Por tanto somos seres sociales en la naturaleza.

Paradójicamente, las sociedades capitalistas han declarado la guerra a la naturaleza y a los cuerpos de las personas. 

Desvelar la naturaleza mítica de esta “irracionalidad” capitalista es fundamental para recomponer un conocimiento que tenga utilidad social a la hora de reorientar la economía y la sociedad. Algunas visiones heterodoxas de la economía, como son las economías ecológica y feminista pueden aportar mucho en esta tarea desmitificadora.

Tal y como cuenta Naredo en La economía en Evolución, la primera vez que se habla de sistema económico y de economía como disciplina fue en el siglo XVIII, con el nacimiento de la escuela de los economistas fisiócratas. Fueron estos economistas franceses los que instalaron las nociones de producción, consumo y crecimiento como piezas constitutivas del sistema económico.

Para los fisiócratas la producción era aquello que la naturaleza podía regenerar con ayuda de trabajo humano. Un ejemplo sería el de la agricultura. Una semilla de cualquier planta depositada en el suelo por una campesina, la naturaleza (la luz del sol, las sales minerales en un suelo fértil y la fotosíntesis), más el trabajo humano que va cuidando de ese cultivo, da lugar a una planta en la que la potencialidad germinativa de esa semilla se multiplica en un montón de frutos. 

La pesca para los fisiócratas, mientras no fuera una pesca extractiva y se respetasen los ritmos de regeneración de l os bancos de peces, era también una producción. La naturaleza acrecentaba los peces en los caladeros y el trabajo humano extraía con prudencia para no destruir la capacidad de regeneración. Ellos también consideraron que que la minería era producción porque en aquel momento, tal y como postulaba Linneo, se pensaba que los materiales de la corteza terrestre estaba sujetos a procesos de crecimiento y regeneración.
 
Los fisiócratas definían la producción como la capacidad de acrecentar las riquezas renacientes sin menoscabar los bienes fondo, es decir, sin destruir la dinámica natural que permite la reproducción. Ellos entendían que el crecimiento económico era posible mientras perviviese esa noción de producción organicista, mientras no se alterase la capacidad reproductiva de la naturaleza.

Los economistas clásicos, unos años más tarde, sitúan el trabajo humano como el principal motor de la riqueza, pero siguen concediendo una enorme importancia a la Tierra como factor de producción. Sin embargo, en ese momento, los conocimientos sobre geología desvelan que los minerales de la Tierra no crecen, que las piedras no se reproducen y que, por tanto, todos los materiales que alberga la corteza terrestre existen en una cantidad limitada y finita. Tanto Marx como Stuart Mill, pertenecientes a la escuela clásica, reconocen que el crecimiento de la esfera material de la economía apuntaría forzosamente un horizonte estacionario. No podía crecer ilimitadamente. Llegaría un momento en que se toparía con los límites físicos.

Sin embargo, cuando se produce un cambio radical en las nociones de producción y de sistema económico es cuando irrumpe el paradigma neoclásico de la economía, el que tenemos hoy vigente y que constituye el sostén teórico del capitalismo.

jueves, 29 de marzo de 2012

VI CHARLA POPULAR: ¿Y AHORA QUÉ? REFLEXIONES PARA DESPUÉS DE LA HUELGA

Cuándo: 19:00 - 21:30, 30 Mar 2012
Localización: ESLA EKO
Coste: Jaja
Organización: Universidad Popular de Carabanchel, comisión de Políticas, APC
Contacto: politica.carabanchel@gmail.com
Contaremos con la presencia de Yayo Herrero (coordinadora de Ecologistas en Acción y profesora de la UNED) y Jose Luis Carretero (miembro de Solidaridad Obrera, ICEA y profesor de orientación laboral en F.P.)

Tras la huelga general en España del día 29, la última del centenar convocadas en Europa durante la pasada década cabe preguntarse, ¿y ahora qué?

¿En qué situación se encuentra actualmente el marco de derechos sociales y laborales? ¿Qué alternativas tenemos?

¿Qué efectos tiene en el sistema productivo una huelga de un solo día? ¿Es necesaria una huelga indefinida? ¿Es posible dentro del marco actual? ¿Hasta dónde llega una huelga de producción local o nacional en un mercado global? ¿Qué aportan a la huelga general las nuevas alternativas, las nuevas formas de participación y lucha (huelga de consumo, de cuidados, comedores populares, bici crítica, etc.)? ¿Podemos trasladarlo a nuestra vida cotidiana?

Desde la Asamblea Popular de Carabanchel os invitamos a la nueva charla de la comisión de políticas, desde donde queremos provocar una reflexión crítica en torno a las anteriores preguntas haciendo, al mismo tiempo, un balance de la huelga del 29.

Esperamos veros a todas.

Juntas lo hacemos.

Ver mapa más grande

La Huelga Kit-Kat

 
Cuando en el siglo XIX se teoriza la conflictividad capital/trabajo, los sujetos en juego quedan definidos por su representación jurídica. Es entonces cuando la estabilidad y permanencia de rol, así como la producción constante de una misma mercancía sin fecha de fin de producción a la vista, hacen de la huelga un instrumento básico para limar las ganancias del capital obtenidas del trabajo como fuente hegemónica de creación de riqueza: la plusvalía que no se gana en un día, no se ganará ya nunca, porque era el tiempo la medición objetiva más adecuada para la organización de los trabajadores.
Hoy, sin embargo, la relación capital/trabajo está articulada en variantes jurídicas inaprensibles, así como en formas menos definidas al margen del empleo; del mismo modo, la producción tardocapitalista se caracteriza por la inconstancia de la mercancía concreta, que renueva sus formas con prestancia, atrayendo así a un ejército de creativos y trabajadores del intelecto que ensayan soluciones sobre nuevas posibilidades de negocio, más o menos mediatamente, en plantilla o como autónomos, pero individualizadamente en todo caso (en eso, de un modo u otro, estamos casi todos).
De este escenario desformalizado e individualizado, emerge una tesis insustancial perturbadora como ninguna (esperamos miles de comentarios y sesudos argumentos que la desmientan): un día de huelga oficializada es, sobre todo, un modo de introducir temporalidad, discontinuidad y flexibilidad en el tejido reproductivo capitalista. Lo que la empresa no produce formalmente un día, lo producirá al siguiente (ha sido pactada la vuelta al trabajo), lo actualizará sin coste añadido para el capital porque el logro del resultado y su plazo ha sido asumido individualmente por un trabajador y, además, en el caso de asalariados, dejará de abonarse una jornada de trabajo (las empresas fabriles, incluso, agradecen que la producción se detenga un día, ya que el destino de la mercancía no está garantizado y buena parte de su personal es demasiado fijo como para poder pararlo sin costes).
La huelga general es un baile tribal en el que los despistados vuelcan todos sus complejos porque no entienden que la producción capitalista ya no se mide en tiempo irrecuperable, sino en propuestas personales que, en último término, se ponen en valor en un intercambio azaroso sin referencia ninguna (una comparación constante de capital riesgo en la que cada jugador intenta colocarse en posición ventajosa).
A pesar de todo, y como no podemos imaginar nuevos modos de acción social, hacemos huelga y bailamos como tribu que invoca la lluvia; estirado el asunto hasta esas figuraciones de creación de riqueza desregularizada, topamos con posturas tan acomplejadas y místicas, casi religiosas, como las de aquel parado que renuncia a su día de prestación por desempleo para que así conste entre los huelguistas, o las de aquellos colectivos que deciden no hacer las tareas de casa o no escribir en facebook para no engordar los beneficios del capital... No está lejos el día en el que la huelga consista, simple y complejamente, en el suicidio. Suponemos que ese día los sindicalistas trabajarán.
(Prueba de validez de una huelga: comparar el nivel salarial y tipología de contrato de un piquete con el del trabajador al que intenta convencer de que haga huelga.)
PostData oxigenadora: Los efectos  económicos de una huelga general controlada son los expuestos. Cabe, si acaso, hablar sobre la pertinencia del símbolo, sobre la pertinencia de sentirnos tribu de vez en cuando, pero ese es un debate de psicología social...
 

Los ecosistemas al servicio del capital - Yayo Herrero

Hace varias décadas el informe Meadows (Meadows, 1972), publicado por el Club de Roma, constataba la evidente inviabilidad del crecimiento permanente de la población y sus consumos. Alertaba de que en un mundo físicamente limitado, el crecimiento continuo de la extracción de materiales, de la contaminación de aguas, tierra y aire, de la degradación de los ecosistemas, simplemente no era posible. Aquel informe advertía con preocupación que, de no revertirse la tendencia al crecimiento exponencial de todos esos factores, se incurriría en el riesgo de llegar a superar los límites del planeta, ya que el crecimiento continuado y exponencial sólo podía darse en el mundo físico transitoriamente.
Más de 30 años después, una repetición del mismo ejercicio mostraba que, lejos de encararse el problema, se había profundizado esta dinámica (Meadows et al, 2004). La humanidad ya no se encuentra en riesgo de superar los límites de la biosfera, sino que ha llegado a una situación de translimitación (García E., 2005:115).

El crecimiento económico como única prioridad de la sociedad capitalista ha conducido en apenas un par de siglos a superar los límites biogeofísicos del planeta. Los sumideros que deben degradar los residuos que genera el proceso económico no dan a basto y los servicios que prestan los ecosistemas comienzan a dar muestras de deterioro y cambio.
Pero el modelo socioeconómico capitalista no se ha expandido sólo a costa de los sistemas naturales, sino también a partir de la incautación de los tiempos de las personas para ponerlos al servicio del mercado. Es evidente en el caso de las personas empleadas en el mercado laboral en el que venden su fuerza de trabajo a cambio de un salario. Sin embargo, la apropiación ha sido menos visible o totalmente invisible en lo referente a los tiempos dedicados a la reproducción social y mantenimiento de la vida cotidiana. El cuidado de los cuerpos vulnerables constituye un elemento profundamente material e insoslayable para la supervivencia humana, pero debido a la lógica patriarcal esta tarea exigente, imprescindible y muchas veces penosa recae de forma casi exclusiva en las mujeres.

La desvinculación entre la economía capitalista y las bases materiales que permiten la vida, la ignorancia de la dependencia radical que tenemos los seres humanos de los ciclos y bienes naturales y del cuidados de los cuerpos, ha conducido a una forma de entender la sociedad, la economía o la cultura que está transformando profundamente muchos de los elementos que sustentan la condición humana: impide el acceso equitativo a los recursos y bienes que proporciona el planeta Tierra; dificulta la posibilidad de los hogares sigan manteniendo la reproducción social y perpetúa la lógica patriarcal de división del trabajo que obliga a las mujeres a ser las únicas responsables de mantener el bienestar cotidiano; destruye las dinámicas cooperativas que hicieron del “animal” humano ante todo un ser social; anula la viabilidad de las generaciones futuras sobre la Tierra; simplifica los procesos de interdependencia que nos han hecho coevolucionar con muchas otras especies compañeras de aventura planetaria...