Proyección de
fragmentos de Chicago 10 (Brett Morgen, 2007) y debate.
Introducción y moderación a cargo de Amador
Fernández-Savater, editor de Acuarela Libros y responsable del blog “Fuera de
lugar” (blogs.publico.es/fueradelugar).
Los
miembros del Youth International Party (Partido Internacional de la Juventud)
conocidos como Yippies, fueron una rama de los muchos y variados movimientos
sociales vinculados a la Nueva Izquierda
(New Left) norteamericana de los años 60. Como casi todos ellos, los Yippies también se enfrentaron a la guerra de
Vietnam así como al resto de expresiones
derivadas del statu quo estadounidense o Amerika, como les gustaba
llamarle a ellos, con k de Ku Klux Klan.
Lo
que diferenció a los Yippies del resto de movimientos sociales de la época fue,
sin duda, las tácticas que llevaron a
cabo para tal fin. Para los Yippies, la política no pasaba por la conciencia,
era más bien algo irracional; algo que tenía que ver más con los sentimientos
que con el intelecto. La política Yippie pasaba por el cuerpo, debía
“atravesarte”; de ahí que la imagen, lo
visual, fuese siempre para ellos tan importante; tanto que llegaron a afirmar
que lo que de ellos se dijese carecía de interés, lo que al Youth
International Party le importaba de verdad era ser visto. “La historia está
en las imágenes, no en las palabras”, decían, de ahí su interés en los medios
de comunicación.
Los
Yippies, en la estela de Marshall Mcluhan, entendían la revolución como una
lucha de símbolos, un campo de batalla en el que los signos servían a modo de
armas. A la fabricación de esas armas dedicaron gran parte de sus esfuerzos
activistas. Muchas de ellas (guerrilla de la comunicación, creación de mitos, performance
callejera, humor y absurdo) han sido retomadas por movimientos políticos
recientes. ¿Qué continuidades y discontinuidades podemos establecer entre el
ayer de los yippies y nuestra actualidad? ¿Cómo pensamos hoy la relación entre
política, imagen y medios de comunicación?
Fumamos
mucha hierba para poder abordar el problema lógicamente:
Es
una revolución juvenil.
Y de Youth.
Es
una revolución internacional.
I de International.
Es
gente que intenta llevar significado, diversión, éxtasis a sus vidas: una fiesta.
P de Party.
¿Qué
nos sale?
Youth International Party.
Paul
Krassner se puso en pie de un salto y gritó:
-¡YIIIIIIIIIIIIIPPIEEE!
¡Somos yippies!
Había
nacido un movimiento.
[…]
El
cometripis marxista, el bolchevique psicodélico. No estaba a gusto en el ESD
[Estudiantes por una Sociedad Democrática] y no era ni hippie del flower power ni intelectual
universitario. Un fumeta politizado. Un híbrido de la Nueva Izquierda y los
hippies, algo nuevo y diferente.
Un
pendenciero pasota con una pistola al cinto. Tan feo que su aspecto asusta a la
clase media.
Un
pedazo de cabrón melenudo, barbudo, piloso y chalado cuya vida es teatro y a
cada momento crea una nueva sociedad mientras destruye la antigua.
La
realidad estaba ahí. Hacía falta un mito para acrisolar esa energía.
[…]
El
mito es real si levanta un escenario en el que la gente puede representar sus
sueños y fantasías.
El
mito es siempre mayor que la persona. El mito del Che Guevara es más poderoso
todavía que el Che. El mito del ESD es más fuerte que el ESD.
El
mito yippie derrocará al gobierno.
El
mito hace la revolución. Marx es un mito. Mao es un mito. Dylan es un mito. Los
Panteras Negras son un mito.
La
gente intenta emular el mito, y saca entonces lo mejor de sí misma.
El
secreto del mito yippie es que es absurdo. Su principal declaración es una hoja
de papel en blanco.
[…]
Los
hippies nos consideran políticos, y los políticos nos consideran hippies. Sólo
la derecha nos ve como lo que somos.
Bonnie Parker y Clyde Barrow son los líderes de la Nueva Juventud
-Jerry Rubin.
Mi objetivo es crear una situación de pleno desempleo: un mundo en el que la gente ya no tenga que soportar un trabajo. Y creo que este tipo de mundo ya está de hecho al alcance de la mano.
Jerry [Rubin] hace que nos riamos al poner en evidencia a los cerdos, porque sabe que cuando la gente empieza a reírse del rey y de los gobernantes, cuando empieza a verlos como un chiste, como una farsa, falta poco para que se alcen en armas y maten a los cerdos y destruyan su poder. Un cerdo ridiculizado es un cerdo muerto, asado al estilo yippie. Eso me va, pero todavía me va más el cerdo a la brasa al estilo del barrio.
- Introducción a Do it de Jerry Rubin (1970)
(*) E. Cleaver era, a la sazón, ministro de comunicación de los Panteras Negras.
Hoy en día el poder político se afirma por medio de su
poder sobre el proceso mecánico y sobre la organización técnica del aparato. El
gobierno de las sociedades industriales avanzadas y en crecimiento sólo puede
mantenerse y asegurarse cuando logra movilizar, organizar y explotar la
productividad técnica, científica y mecánica de que dispone la civilización
industrial. Y esa productividad moviliza a la sociedad entera, por encima y más
allá de cualquier interés individual o de grupo. El hecho brutal de que el
poder físico (¿sólo físico?) de la máquina sobrepasa al del individuo, y al de
cualquier grupo particular de individuos, hace de la máquina el instrumento más
efectivo en cualquier sociedad cuya organización básica sea la del proceso
mecanizado. Pero la tendencia política puede invertirse; en esencia, el poder
de la máquina es sólo el poder del hombre almacenado y proyectado. En la medida
en que el mundo del trabajo se conciba como una máquina y se mecanice de
acuerdo con ella, se convierte en la base potencial de una nueva
libertad para el hombre.
La civilización industrial contemporánea demuestra que ha
llegado a una etapa en la que «la sociedad libre» no se puede ya definir
adecuadamente en los términos tradicionales de libertades económicas, políticas
e intelectuales, no porque estas libertades se hayan vuelto insignificantes,
sino porque son demasiado significativas para ser confinadas dentro de las formas
tradicionales. Se necesitan nuevos modos de realización que correspondan a las
nuevas capacidades de la sociedad.
El hombre unidimensional - Herbert Marcuse (1954) [DESCARGAR LIBRO]
(Leído durante la velada Dadá del Teatro de la Maison de l'Oeuvre el 27 de marzo de 1920)
Son todos ustedes acusados; levántense. El orador no puede hablarles sino están ustedes de pie.
De pie como ante la Marsellesa.
De pie como ante el himno ruso.
De pie como ante el God save the King.
De pie como ante la bandera.
En
fin, de pie ante DADA, que representa la vida y les acusa a ustedes de
querer lo que sea por esnobismo, siempre y cuando cueste caro.
¿Se han sentado todos de nuevo? Tanto mejor, de esta manera podrán escucharme con mayor atención.
¿Qué hacen ustedes aquí, hacinados como ostras serias? Porque ustedes son serios, ¿no es así?
Serios, serios, serios hasta la muerte.
La muerte es cosa seria, ¿eh?
Uno
muere como un héroe o como un idiota, que es lo mismo. La única palabra
que no es efímera es la palabra muerte. Quieren ustedes la muerte para
los otros.
A muerte, a muerte, a muerte.
Sólo el dinero no muere, se va sencillamente de viaje.
Es
el Dios, aquel al que se respeta, el personaje serio – dinero respeto
de las familias. Honor, honor al dinero: el hombre que tiene dinero es
un hombre honorable.
El honor se compra y se vende como el culo.
El culo, el culo representa la vida como las patatas fritas, y todos
ustedes que son serios, todos ustedes olerán peor que la mierda de vaca.
DADÁ, por su parte, no huele a nada, no es nada, nada, nada.
Es como sus esperanzas: nada.
Como sus paraísos: nada.
Como sus ídolos: nada.
Comos sus políticos: nada.
Como sus héroes: nada.
Como sus artistas: nada.
Como sus religiones: nada.
Silben,
griten, rómpanme la jeta, ¿y luego? ¿luego qué? Una vez más diré que
son ustedes unos primos. En tres meses, mis amigos y yo les venderemos
nuestros cuadros por algunos francos.
HOFFMAN:
Me llamo Abbie. Soy un huérfano de América.
WEINGLASS:
¿Dónde reside?
HOFFMAN:
Vivo en la Nación de Woodstock.
WEINGLASS:
¿Puede decirle al Tribunal y al jurado dónde se encuentra eso?
HOFFMAN:
Sí. Es una nación de jóvenes alienados. La llevamos con nosotros del mismo modo
que los indios Sioux llevan con ellos su nación. Es una nación dedicada a la
cooperación frente a la competencia, a la idea de que la gente debería contar
con mejores medios de intercambio que la propiedad o el dinero, de que deberían
existir otras bases para la interacción humana. Es una nación dedicada a…
TRIBUNAL:
Discúlpeme, señor. Léale la pregunta al testigo, por favor.
TAQUÍGRAFO:
“¿Puede decirle al Tribunal y al jurado dónde se encuentra eso?”
HOFFMAN:
Está en mi mente y en las mentes de mis hermanos y hermanas. No consiste en
propiedades ni en nada material, sino más bien en ideas y en ciertos valores;
dichos valores son la cooperación frente a la competencia, y…
SCHULTZ:
Eso no nos dice dónde está la Nación de Woodstock, sea ésta lo que sea.
WEINGLASS:
Señoría, el testigo la ha identificado como un estado mental y pienso que tiene
derecho a definir dicho estado mental.
HOFFMAN:
Va a ser un interrogatorio apasionante.
TRIBUNAL:
No, queremos su lugar de residencia, si es que lo tiene, su lugar de trabajo,
si es que tiene alguna dedicación, o ambos, si es que quiere decir ambos.
Bastará con una dirección. Pero nada sobre filosofía o sobre la India, señor.
Solo dónde vive, si es que tiene un lugar en el que vivir. Ahora bien, ha dicho
usted Woodstock. ¿En qué estado se encuentra Woodstock?
HOFFMAN:
Es un estado mental, se encuentra en mi mente y en la de mis hermanos y
hermanas. Es una conspiración.
[…]
WEINGLASS:
¿Puede decirle al Tribunal y al jurado su edad actual?
HOFFMAN:
33 años. Soy un hijo de los 60.
WEINGLASS:
¿Cuándo nació?
HOFFMAN:
Psicológicamente, en 1960.
[…]
WEINGLASS:
¿Puede decirle al Tribunal y al jurado cuál es su actual ocupación?
HOFFMAN:
Soy un revolucionario cultural. Bueno, la verdad es que soy acusado… a tiempo
completo.
[Declaración
de Abbie Hoffman ante el tribunal encargado de juzgar la ‘conspiración de
Chicago’, 15 de octubre de 1969. Voices of the Chicago Eight. A
generation on Trial –
Tom Hayden et alii]
* * *
Fred
Weintraub, el ejecutivo de la Warner Brothers responsable de la película de
Woodstock, me dijo que el estudio había tomado conscientemente la decisión de
“purgar” en la versión final todo lo que oliese a política. En la pantalla no
podían verse las enfermerías o aparecer los radicales.
[…]
Fred no era tonto. Había luchado en las montañas con Castro, e incluso pasado
algún tiempo en las cárceles de Batista. Ahora trabajaba para la Warner
Brothers. Así que, mientras mi libro [Woodstock
Nation] retrataba Woodstock como un grito de batalla para legalizar la
hierba, detener la guerra y enfrentarse a una cultura decadente, la película se
dedicaba a ensalzar el poder de la música rock y la corrección del capitalismo.
Solo ex-radicales como Fred Weintraub, Jann Wenner, que había echado los
dientes en Ramparts, y Bill Graham,
que empezó trabajando en la San Francisco Mime Troupe, eran lo bastante listos
para darse cuenta, tan temprano, de que la música rock podía desempeñar un
papel político importante. Eran dignos adversarios en la lucha por los corazones
y las mentes de los jóvenes, y triunfaron con facilidad en la guerra
iconográfica de Woodstock.
Por
supuesto que el rock como revolución era una de las mayores ficciones de la
época. Su elevada energía te hacía sudar, te ponía todo cachondo y cabreado. Te
hacía sentir parte de algo muy grande. Pero no era una revolución. Las
revoluciones no se diseñan en los estudios de la industria de la comunicación.
Esto es lo que se llama un buen negocio, y el contenido de la revolución nunca puede ser un buen negocio, aunque
sí puede serlo su forma. Mick Jagger puede cantar todo lo que quiera sobre la
lucha en las calles; tiene talento y está dotado para el escándalo. Pero
probablemente inspiró a más jóvenes a que se hicieran millonarios que a
derribar el sistema. Solo haciendo un montón de pasta podían siquiera soñar con
alcanzar el estilo de vida de los Stones. El amor al chocolate te convierte en
fuera de la ley; el amor al rock solo te convierte en un buen consumidor. Solo
era “revolucionario” porque nosotros decíamos que lo era.
[Soon to be a Major Motion Picture –
Abbie Hoffman]
Los yippies somos marxistas. Seguimos la tradición revolucionaria de Groucho, Chico, Harpo y Karl.
Lo que los yippies hemos aprendido de Karl Marx (el más notorio agitador comunista, barbudo, melenudo y hippie) es que debemos crear un mito espectacular en torno a la revolución.
Karl escribió y cantó su propio disco de rock, y lo llamó 'El manifiesto comunista'.
'El manifiesto comunista' es una canción que ha derrocado gobiernos.
['Do it!. Escenarios de la Revolución' - Jerry Rubin]
Tras tres mil años de explosión mediante tecnologías mecánicas y fragmentarias, el mundo occidental ha entrado en implosión. En las edades mecánicas extendimos nuestro cuerpo en el espacio. Hoy, tras más de un siglo de tecnología eléctrica, hemos extendido nuestro sistema nervioso central hasta abarcar todo el globo, aboliendo tiempo y espacio, al menos en cuanto a este planeta se refiere. Nos estamos acercando rápidamente a la fase final de las extensiones del hombre: la simulación tecnológica de la conciencia, por la cual los procesos creativos del conocimiento se extenderán, colectiva y corporativamente, al conjunto de la sociedad humana, de un modo muy parecido a como ya hemos extendido nuestros sentidos y nervios con los diversos medios de comunicación. Que la extensión de la conciencia, que tanto buscaron los anunciantes de determinados productos, sea «algo bueno» es una cuestión que no admite sino una amplia respuesta. Difícilmente podrían tratarse las cuestiones sobre las extensiones del hombre sin considerarlas todas a la vez. Cualquier extensión, sea de la piel, de la mano o del pie, afecta a todo el complejo psíquico y social.
[Comprender los medios de comunicación – Marshall McLuhan]
El cómico Lenny Bruce (1925-1966): Un santo ateo - Patricio Pron
Excepto
por un período de dos años durante su adolescencia en el que trabajó en una
granja y por los tres años que sirvió en la Marina durante la Segunda Guerra
Mundial, Lenny Bruce tuvo a lo largo de su vida un solo oficio, el de provocar
mediante las palabras. El cómico, nacido el trece de octubre de 1925 en
Wantagh, Nueva York, como Leonard Alfred Schneider, comprendió muy pronto el
poder transformador de las palabras y el efecto liberador que algunas de ellas
tenían cuando eran utilizadas en un escenario. "Es la supresión de la
palabra la que le da su poder, su violencia y su vicio", dijo refiriéndose
a todas ellas, pero en particular a aquellas que, como "cocksucker" y
"fuck" le llevaron a ser conocido como "el comediante más sucio
de los Estados Unidos", a la persecución policial, la proscripción tácita
y finalmente a un más que probable suicidio. Los cuatro procesos por obscenidad
que se llevaron en su contra entre 1961 y 1964 dejaron un saldo monstruoso de
más de tres mil quinientas páginas de transcripciones, veintitrés abogados
defensores, catorce abogados de la acusación y cuarenta y un jueces
involucrados en diferentes instancias, pero también un ícono de la
contracultura: el filósofo desobediente, el santo drogadicto, el cruzado contra
la hipocresía, la víctima de un linchamiento que se hizo un hueco en el poema
"Aullido" de Allen Ginsberg y en la portada de Sgt. Pepper’s
Lonely Hearts Club Band de The Beatles y cuya lucha por la libertad de
expresión contribuyó a moldear la cultura norteamericana tal como la conocemos
hoy en día.
LA BESTIA ANDA SUELTA
Su impacto en ella hubiera sido nulo, sin embargo, de no haber sido porque
Lenny Bruce utilizó la insensibilidad del público en los locales de striptease
en los que trabajó tras abandonar el circuito amateur –en el que competía con
el camarero que cantaba "Sorrento" hasta quedarse azul o con el que
tocaba canciones patrióticas con una patata– para comprobar los límites de lo
aceptable en comedia, y luego ir más allá. Mientras los críticos condenaban su
utilización de palabras "sucias", el público comenzó a alentarlo a
improvisar aún más, abandonando los retruécanos y otras formas convencionales
de humor; así, Bruce fue desarrollando un estilo más y más personal basado en
la libre asociación y la alternancia de expresiones yiddish con la jerga de los
músicos de jazz y de los bajos fondos, en una renuncia explícita al uso
anglosajón y protestante del idioma. Su inconformismo, que compartía espíritu
con el de escritores como Jack Kerouac y Allen Ginsberg, y su fraseo, que
recordaba al del bebop, encontraron su audiencia más sensible en San Francisco,
la capital del movimiento "beat". Su aguda percepción de la
hipocresía de la sociedad de su tiempo, que lo llevaba a abordar tópicos como
el temor al comunismo, la segregación racial, la religión organizada y la
persecución de la sexualidad y el consumo de marihuana, lo convirtieron en
alguien "hip". Su reacción fue típica: radicalizar su pensamiento aún
más hasta hacer de la provocación un estilo.
Este uso del teatro como medio para la protesta política había sido teorizado por Ron Davis en un manifiesto de mayo de 1965: Guerrilla Theater. El título, que conocerá el éxito más allá de las fronteras americanas, había sido sugerido por Peter Berg, impetuoso y genial miembro de la compañía, a la que pertenecía desde hacía un año, y cuya cultura política y agudeza crítica constituyen uno de sus elementos motores. [...] "Teatro guerrilla” o cómo movilizar el teatro y a los artistas en torno a la idea del cambio político y social. El manifiesto propone un programa en tres puntos: enseñar el cambio y ser uno mismo ejemplo de él; retomar la visión brechtiana del teatro –el arte sirve siempre, consciente o inconscientemente, a fines políticos-; la compañía, en cuanto grupo, debe ser un modelo del cambio en el que cree. Para cumplir con dicho programa, formar parte de la Mime Troupe implica formarse políticamente y aceptar que la compañía muestre su proximidad a ciertas organizaciones políticas. Ron Davis no duda en abrir las puertas de los locales de la Mime Troupe a los SDS, al colectivo de cineastas y fotógrafos independientes Newsreel, a la New School, proyecto de universidad libre que responde a las reivindicaciones del Free Speech Movement, ni tampoco en participar en ella concretamente con el curso que ofrece en 1964, titulado… arte y política.
Ron Davis, que simpatiza con la revolución cubana, no duda tampoco en referirse al Che Guevara y a sus técnicas de guerrilla: estar equipado de tal forma que uno pueda retirarse lo más rápido posible, elegir el terreno de ataque… Un escenario que se instala rápidamente –algunas tablas y un telón pintado por los propios actores-, los parques como terreno de juego y una compañía de artistas politizados que entra en acción / actúa (el inglés utiliza el verbo to act para significar “hacer teatro”) como la vanguardia de la revolución cultural que vendrá.
[Los Diggers. Revolución y contracultura en San Francisco (1966-1968) - Alice Gaillard]
Tras las manifestaciones contra la Convención Demócrata de Chicago en el año 1968, el ayuntamiento filmó una pantomima a la que dio el título de What Trees Did They Plant? (¿Qué árboles plantan?). Las emisoras de televisión que emitieron la película se vieron obligadas por ley a ofrecer el mismo tiempo de programación a aquellos que defendían una posición diferente. Uno de los grupos implicados fue el Youth International Party o Yippies, que presentó el siguiente cortometraje como respuesta. Paul Krassner se encargó de escribir el guión y Abbie Hoffman de producirlo y dirigirlo.
AQUÍ puede verse una versión alternativa de la película y, desde AQUÍ, descargarse.
P.- ¿Recuerda lo que dijo el Sr. Hoffman en el transcurso de la conversación?
R.- Yippie... entre otras cosas. Dijo que la política se había convertido en teatro y magia; que la manipulación de la imagen a través de los medios de comunicación era lo que estaba confundiendo e hipnotizando a los americanos hasta hacerles aceptar una guerra en la que, en realidad, no creían; que la gente vivía de un modo que resultaba intolerable para los jóvenes; un tipo de vida que implicaba brutalidad y violencia policial, así como también violencia a mayor escala en Vietnam, y que lo que nosotros, por nuestra parte, podíamos hacer era reunirnos en Chicago e invitar a maestros a dar su punto de vista sobre lo que no funcionaba bien en este planeta, sobre lo que podíamos hacer para acabar con la guerra del Vietnam; a exponer distintas ideas para conseguir que la sociedad fuera más sagrada y menos comercial, menos materialista; lo que podíamos hacer para elevar o mejorar la calidad de la trampa en la que nos sentíamos cogidos a medida que la población crecía y la política se volvía más y más violenta y caótica.
"La gente, incluso algunos camaradas del movimientocontra la guerra, decía: 'Sois un no-grupo. No existís'. Cuando los periodistas nos acusaban de lo mismo, respondíamos: 'Tenéis razón. Esto es magia. Sencillamente ocurre. Sencillamente, nos alzamos desde las cloacas".
[Soon to be a Major Motion Picture - Abbie Hoffman]
In the time of Job when Joseph was a chippy
All the sons of Pharaoh's were kings
The word was passed around
that Mammon was a yippie
And papin had to learn a few things
First there was a light coming out
from Moses
And Abraham was playing the stooge
With pilot on the right and Mary and her roses
Had a reputation to lose
Oh my dozy rosie eyes
Screw me I'm a tuba
Free as a beanstalk
Coogan flipped for, get down on your knees and love,
and love the man
Mary said to Joe there ain't no play
that's easy
You want to see them fall for the tricks
All we got to do is let them take it easy
And make like he's working for kicks
When they know Job got up, the boss is in Ginea
Knew they had a fish on the hook
Went calling all the boys
And sold them the idea
To write the story down in a book
Oh my dozy rosie eyes
Screw me I'm a tuba
Free as a beanstalk
Coogan flipped for, get down on your knees and love,
and love the man