
Si
había alguna duda, los acontecimientos recientes en Chile y en el exterior, de
que damos cuenta en este número, despejan completamente el panorama. Las noticias
sobre el desarrollo de la Resistencia en Chile; la publicación del número 101
de El Rebelde en la clandestinidad;
el reemplazo regular de Miguel Enríquez por Andrés Pascal Allende en la
secretaría general del MIR; las importantes declaraciones de Edgardo Enríquez
al diario Le Monde; el deterioro
constante de la posición de la junta militar, en el plano interno e
internacional: todo ello resta cualquier validez a los asomos derrotistas y a
la tentación surgida en sectores de la izquierda chilena de buscar acuerdos espurios,
a raíz de la muerte en combate de Miguel Enríquez.
Esto
se confirma también por la misma campaña de desmoralización intentada por la
prensa chilena respecto al MIR, y al movimiento de Resistencia. Tras el intento
fracasado –como habíamos previsto, oportunamente- de sembrar el desaliento en
las filas del Partido y entre las masas, esa campaña se ha ido modificando. Titulares
de primera plana y páginas enteras dedicadas al MIR por El Mercurio, La Segunda y
demás órganos de la burguesía han pasado de la euforia inicial que les diera la
muerte de Miguel Enríquez al tono de alarma y advertencia ante la incapacidad
de la represión para desarticular al MIR y a la Resistencia.
Aclarado
así el panorama por la fuerza misma de los hechos, se hace necesario analizar
fríamente la situación que atraviesa en este momento la Resistencia Popular y
el movimiento revolucionario chileno, ya que sólo esto nos permite estimar sus
perspectivas. Ello nos obliga a proceder a una recapitulación.
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